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Aventuras De Don Chicote De La Marcha

calvared

Poeta veterano y reconocido en el portal.
En una noche de marcha
cuya fecha no me acuerdo
había hidalgo marchoso
enjuto, muy alto y tuerto.
al que llamaban Chicote
de la Marcha, un caballero.
Decían que el sobrenombre
venía por lo nochero.
Le acompañaba un amigo,
Pancho Panza, yo recuerdo,
amigo de buen yantar
y de vino en el pellejo,
al que Chicote llamaba
con cariño su escudero.
Muchas eran las hazañas
que se iban contando de ellos
y de una moza de carnes
que allí fregaba los suelos,
Dulce Neus del Tubo Ese,
decían en cachondeo,
por su afición a limpiar
desagües de meaderos.
Se sentaban a la mesa
pidiendo vino y conejo
y Dulce Neus les servía
y se sentaba con ellos.
Allí daban buena cuenta
de conejos y corderos
regados con tanto vino
que no había en un pellejo.
Roncaban luego los tres
al compás en su concierto
que daban gratuitamente
al resto de los nocheros.

Contaban que, en una noche,
comieron un cerdo entero
desde las ocho a las siete
a finales de Febrero.
Y dos pellejos de vino
enteritos se bebieron
y entre los muchos eructos
que en la taberna se oyeron
de tanto en tanto sonaba
la música de algún pedo.
Pancho Panza, el escudero
cortaba buenas tajadas
que daba a su caballero,
mas era poca la carne
y demasiado era el hueso
reservando para si
lo mejor del refrigerio.
Dulce Neus iba por libre
cortando trozos de cerdo
y al caballero le daba
de tanto en tanto algún beso.
No eran besos de amor
sino para entretenerlo
mientras comía el jamón
y la cabeza del puerco.
Al final, de entre los tres
solo había dos triperos,
Dulce Neus y Pancho Panza,
quedando Chicote hambriento.
No es de extrañar que sufriera
visiones de molineros
Don Chicote, al que de coña
apodaban caballero.
Relatan que una mañana
vió seis molinos de viento
y creyendo que venían
para comerse su cerdo
arremetió con banqueta
a la par que su escudero
le gritaba a grandes voces:
“Señor, no son molineros,
que vienen para comer,
sino molinos de viento,
Que se hará usted mucho daño
si continúa en su empeño”
Don Chicote no le oía,
era entonces sordo y ciego
y fue tal el batacazo
que rodaron por el suelo
la banqueta y D. Chicote
que había quedado tuerto.
Muchas fueron las tiritas
en tapar tanto agujero
gastando de esparadrapo
dos o tres rollos enteros.
-“¿No le dije yo, señor,
que eso no eran molineros?”
-“Si que eran molineros, Pancho,
y eran de los más triperos
¿es que no alcanzaste a ver
con las ganas que me dieron?”
Entre estas y otras hazañas
todo el mundo hablaba de ellos
contando sus borracheras
y gigantescos dispendios.
Eran como una leyenda
para las gentes del pueblo
y preguntando razón
nadie la dio con acierto.
Unos dicen que marcharon
otros que se murieron
y decían los demás
que nunca al pueblo vinieron.
Quede pues como leyenda
o si quieren, como cuento
y nunca se crean nada
porque esto nunca fue cierto.
 
Don chicote de la marcha, pancho panza su escudero, dulceneus del tuboese que buen trio ...jajajajjajajajjajajajajjajajajjajajjajajja
este poema, quijote
tiene gracia y gran festejo
y de arrancar tantas risas
me voy corriendo al mia...

jajajjajajajajjajajajajjajajajajjajajajajja, que gustazo pasar por este superdivertido poema...gracias por hacerme reir poeta. Mi abrazo fuerte y mi admiración de siempre por tu gran trabajo en la poesía...que ningún género te queda grande?...
 
Dos comentarios:

jajajajajajajajajajjajajajajajajajaajajajajajajajajajajajajajajajajjajaajjajaja
jajajajajajajajajajjajajajajajajajaajajajajajajajajajajajajajajajajjajaajjajaja

y

Aplausos, aplausos, aplausos, aplausos, aplausos, aplausos, aplausos,
Aplausos, aplausos, aplausos, aplausos, aplausos, aplausos, aplausos,
Aplausos, aplausos, aplausos, aplausos, aplausos, aplausos, aplausos,
Aplausos, aplausos, aplausos, aplausos, aplausos, aplausos, aplausos,
 
Gracias, Hada 21 por tu comentario. Creo que muchos hubiéramos disfrutado leyendo cosas de humor cuando éramos pequeños.
 
Gracias, Lady Clara, por tu comentario. La risa debe acompañarnos siempre, aún en los momentos no tan propicios. Un abrazo
 
Gracias, Era, por tu comentario. Me alegro de que haya despertado tu hilaridad.
Un abrazo
 
En una noche de marcha
cuya fecha no me acuerdo
había hidalgo marchoso
enjuto, muy alto y tuerto.
al que llamaban Chicote
de la Marcha, un caballero.
Decían que el sobrenombre
venía por lo nochero.
Le acompañaba un amigo,
Pancho Panza, yo recuerdo,
amigo de buen yantar
y de vino en el pellejo,
al que Chicote llamaba
con cariño su escudero.
Muchas eran las azañas
que se iban contando de ellos
y de una moza de carnes
que allí fregaba los suelos,
Dulce Neus del Tubo Ese,
decían en cachondeo,
por su afición a limpiar
desagües de meaderos.
Se sentaban a la mesa
pidiendo vino y conejo
y Dulce Neus les servía
y se sentaba con ellos.
Allí daban buena cuenta
de conejos y corderos
regados con tanto vino
que no había en un pellejo.
Roncaban luego los tres
al compás en su concierto
que daban gratuitamente
al resto de los nocheros.

Contaban que, en una noche,
comieron un cerdo entero
desde las ocho a las siete
a finales de Febrero.
Y dos pellejos de vino
enteritos se bebieron
y entre los muchos eructos
que en la taberna se oyeron
de tanto en tanto sonaba
la música de algún pedo.
Pancho Panza, el escudero
cortaba buenas tajadas
que daba a su caballero,
mas era poca la carne
y demasiado era el hueso
reservando para si
lo mejor del refrigerio.
Dulce Neus iba por libre
cortando trozos de cerdo
y al caballero le daba
de tanto en tanto algún beso.
No eran besos de amor
sino para entretenerlo
mientras comía el jamón
y la cabeza del puerco.
Al final, de entre los tres
solo había dos triperos,
Dulce Neus y Pancho Panza,
quedando Chicote hambriento.
No es de extrañar que sufriera
visiones de molineros
Don Chicote, al que de coña
apodaban caballero.
Relatan que una mañana
vió seis molinos de viento
y creyendo que venían
para comerse su cerdo
arremetió con banqueta
a la par que su escudero
le gritaba a grandes voces:
“Señor, no son molineros,
que vienen para comer,
sino molinos de viento,
Que se hará usted mucho daño
si continúa en su empeño”
Don Chicote no le oía,
era entonces sordo y ciego
y fue tal el batacazo
que rodaron por el suelo
la banqueta y D. Chicote
que había quedado tuerto.
Muchas fueron las tiritas
para tapar tanto agujero
gastando de esparadrapo
dos o tres rollos enteros.
-“¿No le dije yo, señor,
que eso no eran molineros?”
-“Si que eran molineros, Pancho,
y eran de los más triperos
¿es que no alcanzaste a ver
con las ganas que me dieron?”
Entre estas y otras hazañas
todo el mundo hablaba de ellos
contando sus borracheras
y gigantescos dispendios.
Eran como una leyenda
para las gentes del pueblo
y preguntando razón
nadie la dio con acierto.
Unos dicen que marcharon
otros que se murieron
y decían los demás
que nunca al pueblo vinieron.
Quede pues como leyenda
o si quieren, como cuento
y nunca se crean nada
porque esto nunca fue cierto.

Jajajajajaja, ay bravo, excelente de verdad, es que no paro de reir, jajaja.
Gracias poeta, me hiciste el día. Necesitaba soltar la carcajada, qué bien se sienteeeee.:::sonreir1:::
Estrellas las más brillantes y un beso agradecidísimo por este buen rato,:::hug:::
 
En una noche de marcha
cuya fecha no me acuerdo
había hidalgo marchoso
enjuto, muy alto y tuerto.
al que llamaban Chicote
de la Marcha, un caballero.
Decían que el sobrenombre
venía por lo nochero.
Le acompañaba un amigo,
Pancho Panza, yo recuerdo,
amigo de buen yantar
y de vino en el pellejo,
al que Chicote llamaba
con cariño su escudero.
Muchas eran las azañas
que se iban contando de ellos
y de una moza de carnes
que allí fregaba los suelos,
Dulce Neus del Tubo Ese,
decían en cachondeo,
por su afición a limpiar
desagües de meaderos.
Se sentaban a la mesa
pidiendo vino y conejo
y Dulce Neus les servía
y se sentaba con ellos.
Allí daban buena cuenta
de conejos y corderos
regados con tanto vino
que no había en un pellejo.
Roncaban luego los tres
al compás en su concierto
que daban gratuitamente
al resto de los nocheros.

Contaban que, en una noche,
comieron un cerdo entero
desde las ocho a las siete
a finales de Febrero.
Y dos pellejos de vino
enteritos se bebieron
y entre los muchos eructos
que en la taberna se oyeron
de tanto en tanto sonaba
la música de algún pedo.
Pancho Panza, el escudero
cortaba buenas tajadas
que daba a su caballero,
mas era poca la carne
y demasiado era el hueso
reservando para si
lo mejor del refrigerio.
Dulce Neus iba por libre
cortando trozos de cerdo
y al caballero le daba
de tanto en tanto algún beso.
No eran besos de amor
sino para entretenerlo
mientras comía el jamón
y la cabeza del puerco.
Al final, de entre los tres
solo había dos triperos,
Dulce Neus y Pancho Panza,
quedando Chicote hambriento.
No es de extrañar que sufriera
visiones de molineros
Don Chicote, al que de coña
apodaban caballero.
Relatan que una mañana
vió seis molinos de viento
y creyendo que venían
para comerse su cerdo
arremetió con banqueta
a la par que su escudero
le gritaba a grandes voces:
“Señor, no son molineros,
que vienen para comer,
sino molinos de viento,
Que se hará usted mucho daño
si continúa en su empeño”
Don Chicote no le oía,
era entonces sordo y ciego
y fue tal el batacazo
que rodaron por el suelo
la banqueta y D. Chicote
que había quedado tuerto.
Muchas fueron las tiritas
para tapar tanto agujero
gastando de esparadrapo
dos o tres rollos enteros.
-“¿No le dije yo, señor,
que eso no eran molineros?”
-“Si que eran molineros, Pancho,
y eran de los más triperos
¿es que no alcanzaste a ver
con las ganas que me dieron?”
Entre estas y otras hazañas
todo el mundo hablaba de ellos
contando sus borracheras
y gigantescos dispendios.
Eran como una leyenda
para las gentes del pueblo
y preguntando razón
nadie la dio con acierto.
Unos dicen que marcharon
otros que se murieron
y decían los demás
que nunca al pueblo vinieron.
Quede pues como leyenda
o si quieren, como cuento
y nunca se crean nada
porque esto nunca fue cierto.

:::sonreir1::: magnífico !!! estrellas sonrientes !
 
Me has hecho reír mucho, cuánto ingenio tienes, el hacer reír es como el amar, es don de pocos, gracias por arrancarme estas risas con tu poema.
Mis estrellas.
 
GENIAL!!!...que bien me ha hecho deleitarme en tus letras y que hayas logrado una sonrisa ...estrellas carlos
 
Gracias Mitra, por tu comentario. Cuidado con las carcajadas que alargan demasiado la vida, jajajajajajaj
 
jajajajajjajajajajajjajajajjajajjajajajja que buenoooooooooooooooooooooooooo
fenomenal, te quedó re buenoooooooooooooooooo jajajjajajajja me he reido a más no dar, gracias por compartirlo.
Estrellas y un beso
 
vale trovador, que se echan en falta juglarías de este orden y divertimento. me ha recordado a nuestro recien partido Fernan Gómez en alguna de aquellas obrillas teatrales
 
En una noche de marcha
cuya fecha no me acuerdo
había hidalgo marchoso
enjuto, muy alto y tuerto.
al que llamaban Chicote
de la Marcha, un caballero.
Decían que el sobrenombre
venía por lo nochero.
Le acompañaba un amigo,
Pancho Panza, yo recuerdo,
amigo de buen yantar
y de vino en el pellejo,
al que Chicote llamaba
con cariño su escudero.
Muchas eran las hazañas
que se iban contando de ellos
y de una moza de carnes
que allí fregaba los suelos,
Dulce Neus del Tubo Ese,
decían en cachondeo,
por su afición a limpiar
desagües de meaderos.
Se sentaban a la mesa
pidiendo vino y conejo
y Dulce Neus les servía
y se sentaba con ellos.
Allí daban buena cuenta
de conejos y corderos
regados con tanto vino
que no había en un pellejo.
Roncaban luego los tres
al compás en su concierto
que daban gratuitamente
al resto de los nocheros.

Contaban que, en una noche,
comieron un cerdo entero
desde las ocho a las siete
a finales de Febrero.
Y dos pellejos de vino
enteritos se bebieron
y entre los muchos eructos
que en la taberna se oyeron
de tanto en tanto sonaba
la música de algún pedo.
Pancho Panza, el escudero
cortaba buenas tajadas
que daba a su caballero,
mas era poca la carne
y demasiado era el hueso
reservando para si
lo mejor del refrigerio.
Dulce Neus iba por libre
cortando trozos de cerdo
y al caballero le daba
de tanto en tanto algún beso.
No eran besos de amor
sino para entretenerlo
mientras comía el jamón
y la cabeza del puerco.
Al final, de entre los tres
solo había dos triperos,
Dulce Neus y Pancho Panza,
quedando Chicote hambriento.
No es de extrañar que sufriera
visiones de molineros
Don Chicote, al que de coña
apodaban caballero.
Relatan que una mañana
vió seis molinos de viento
y creyendo que venían
para comerse su cerdo
arremetió con banqueta
a la par que su escudero
le gritaba a grandes voces:
“Señor, no son molineros,
que vienen para comer,
sino molinos de viento,
Que se hará usted mucho daño
si continúa en su empeño”
Don Chicote no le oía,
era entonces sordo y ciego
y fue tal el batacazo
que rodaron por el suelo
la banqueta y D. Chicote
que había quedado tuerto.
Muchas fueron las tiritas
para tapar tanto agujero
gastando de esparadrapo
dos o tres rollos enteros.
-“¿No le dije yo, señor,
que eso no eran molineros?”
-“Si que eran molineros, Pancho,
y eran de los más triperos
¿es que no alcanzaste a ver
con las ganas que me dieron?”
Entre estas y otras hazañas
todo el mundo hablaba de ellos
contando sus borracheras
y gigantescos dispendios.
Eran como una leyenda
para las gentes del pueblo
y preguntando razón
nadie la dio con acierto.
Unos dicen que marcharon
otros que se murieron
y decían los demás
que nunca al pueblo vinieron.
Quede pues como leyenda
o si quieren, como cuento
y nunca se crean nada
porque esto nunca fue cierto.

¡jajajajajajajajjajjajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaj!¡dejáme tomar aire ¡ahahahahaha!¡jajajajajajajjajajajajaja!En una palabra ¡¡¡¡¡GENIAL!!!!! Mis aplausos¡poeta!CLAP CLAP CLAP CLAP CLAP CLAP CLAP CLAP
 
Increible, Creo que hasta Cervantes se hubiese reido con tal parodia, de verdad, muy bueno.
Me gustaria escribir de esa forma, pero quizas en poesia, la comedia sea lo mas dificil.
Muy bueno.
 

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