¡Déjenme entrar! les rogué
a las oscuras formas de la noche,
a ellas, las aladas criaturas
hechas de plumas y tinieblas;
ahora, mientras el día duerme,
en las negras madrigueras
la Noche reina en ensueños
de encajes y de sombras.
Se rieron de mí, altivas, ufanas:
Fuera de aquí, ya no regreses,
no es este tu mundo, animal de la luz,
me obligaban a huir con picos y garras,
y mientras tropezaba con raíces voraces,
más crueles que en las pesadillas
los atajacaminos rozaban mi cara
y arrancaban mis cabellos.
Del pavor y el espanto más no diré,
de plumas y telarañas está hecha la Muerte;
encontraron mi cuerpo duro y helado
horrorizado el semblante, frías las manos,
de hojas del bosque trenzado el cabello
pero en los ojos abiertos una promesa:
He de entrar ahora, formas aladas
por fin a los confines de la Noche
Claudia Viviana Parreño