¡Ay, cuándo, cuándo!
Cuándo cesará este rayo mi tormento
de castigar esta pobre alma ya herida
que agonizante deambula perdida
por caminos umbríos, sin fundamento.
Cuándo silenciará esta voz, cuándo, cuándo,
de orear al viento penas y dolores
que suenan en mi cabeza cual tambores
y vivir no me deja, me va matando.
¡Ay! voz penante, invasora de mi vida,
dueña, señora del sangrante costado.
¡Ay voz! Abandona esta alma malherida,
deja que entre en mi, el sol del que fui apartado,
para que alumbre mi existencia perdida
y vuelva a ser yo mismo. ¡Ay voz! cuándo, cuándo.
Luis
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