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Ay, gigantes centinelas... Img. 10/ mayo de 2019

Maygemay

Poeta que considera el portal su segunda casa
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El bosque no teme al tiempo,

sólo un incendio lo apaga

y el pájaro es un segundo,

breve flecha entre las ramas,

saetilla de relojes,

que el paisaje nos regala

y a las seis, cuando amanece,

canta frente a tu ventana.

-Ay, cucú, que me fastidias,

quiero abrazarme a mi almohada,

que afuera sigue nevando

y está blanca la calzada.

Ay, cuco del monte verde,

vuela con otros fantasmas,

déjame dormir un rato

que no ha sonado la alarma.

Los minutos pasan raudos

y el niño aguarda en su cama

que le lleve el desayuno

con café, leche y tostadas

untadas con queso blanco

y un poco de mermelada.

-Padre, muy pronto en la escuela

repicará la campana

y al maestro le fastidia

que tarde entremos al aula.

El reloj domina al mundo

y en la cabeza se instala

de padre e hijo que cuentan

los segundos que les faltan.

Ambos miran hacia el bosque

donde el árbol se agiganta,

pues su vigor vence al tiempo

y hacia el cielo se derrama.

Las centurias no perturban

sus raíces aferradas

para florecer de nuevo

con la fronda renovada.

¡Ay, gigantes centinelas

de la vida que se escapa!





 
Última edición:
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El bosque no tiene tiempo,

sólo un incendio lo apaga

y el pájaro es un segundo,

breve flecha entre las ramas,

manecilla de relojes,

que el paisaje nos regala

y a las seis, cuando amanece,

canta frente a tu ventana.

-Ay, cucú que me fastidias,

quiero abrazarme a mi almohada,

que afuera sigue nevando

y está blanca la calzada.

Ay, cuco del monte verde

vuela con otros fantasmas,

déjame dormir un rato

que no ha sonado la alarma.

Los minutos pasan raudos

y el niño aguarda en su cama

que le lleve el desayuno

con café, leche y tostadas

untadas con queso blanco

y un poco de mermelada.

-Padre, muy pronto en la escuela

repicará la campana

y al maestro le fastidia

que entremos tarde en las aulas.

El reloj domina al mundo

y en la cabeza se instala

de padre e hijo que cuentan

los segundos que les faltan.

Ambos miran hacia el bosque

donde el árbol se agiganta,

pues su vigor vence al tiempo

y hacia el cielo se derrama;

las centurias no perturban

sus raíces aferradas

para florecer de nuevo

con la fronda renovada

¡Ay, gigantes centinelas

de la vida que se escapa!





Un bello analisis para recrear un momento inicial del dia y como
todo el tiempo se aglutina dentado en los limites de una sentimiento:
ver que el nos anuncia el reflejo de esa vida en huida. excelente
la configuracion y relaciones con la imagen. saludos de luzyabsenta
 
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El bosque no tiene tiempo,

sólo un incendio lo apaga

y el pájaro es un segundo,

breve flecha entre las ramas,

saetilla de relojes,

que el paisaje nos regala

y a las seis, cuando amanece,

canta frente a tu ventana.

-Ay, cucú, que me fastidias,

quiero abrazarme a mi almohada,

que afuera sigue nevando

y está blanca la calzada.

Ay, cuco del monte verde,

vuela con otros fantasmas,

déjame dormir un rato

que no ha sonado la alarma.

Los minutos pasan raudos

y el niño aguarda en su cama

que le lleve el desayuno

con café, leche y tostadas

untadas con queso blanco

y un poco de mermelada.

-Padre, muy pronto en la escuela

repicará la campana

y al maestro le fastidia

que entremos tarde en las aulas.

El reloj domina al mundo

y en la cabeza se instala

de padre e hijo que cuentan

los segundos que les faltan.

Ambos miran hacia el bosque

donde el árbol se agiganta,

pues su vigor vence al tiempo

y hacia el cielo se derrama.

Las centurias no perturban

sus raíces aferradas

para florecer de nuevo

con la fronda renovada.

¡Ay, gigantes centinelas

de la vida que se escapa!





Atrapamos tiempo en capsulas de memorias y recuerdos. Saludos cordiales, Maygemay.
 
Has acertado, Luzyabsenta, con la valiosa interpretación de mi romance. Te agradezco el acompañamiento y el estímulo que brindas habitualmente al quehacer poético.
Saludos cordiales
Es importante lo que escribes. Leer otra vez esta bella obra sera recrear esos
sentimientos que salen de tus lineas.agradezco la cordialidad de tu respuesta.
 
Gracias, amigo Sergio. por tan oportunas palabras. Sí, y en ese sentido también pueden entenderse las fotografías y películas que capturan las presencias amadas y los perfumes que nos llevan de pronto a un lugar o un momento del pasado.
Saludos cordiales
 
Me ha encantado tu romance, qué bien y bonito lo has sabido plasmar.

Las centurias no perturban
sus raíces aferradas
para florecer de nuevo
con la fronda renovada.
¡Ay, gigantes centinelas
de la vida que se escapa!

Un gusto leerte, May.Un abrazo,
Eva
 
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El bosque no teme al tiempo,

sólo un incendio lo apaga

y el pájaro es un segundo,

breve flecha entre las ramas,

saetilla de relojes,

que el paisaje nos regala

y a las seis, cuando amanece,

canta frente a tu ventana.

-Ay, cucú, que me fastidias,

quiero abrazarme a mi almohada,

que afuera sigue nevando

y está blanca la calzada.

Ay, cuco del monte verde,

vuela con otros fantasmas,

déjame dormir un rato

que no ha sonado la alarma.

Los minutos pasan raudos

y el niño aguarda en su cama

que le lleve el desayuno

con café, leche y tostadas

untadas con queso blanco

y un poco de mermelada.

-Padre, muy pronto en la escuela

repicará la campana

y al maestro le fastidia

que tarde entremos al aula.

El reloj domina al mundo

y en la cabeza se instala

de padre e hijo que cuentan

los segundos que les faltan.

Ambos miran hacia el bosque

donde el árbol se agiganta,

pues su vigor vence al tiempo

y hacia el cielo se derrama.

Las centurias no perturban

sus raíces aferradas

para florecer de nuevo

con la fronda renovada.

¡Ay, gigantes centinelas

de la vida que se escapa!





A las cinco treinta canta, actualmente, el maldito despertador; pero este próximo mes me vengo de sus llamadas y mis trabajos... En el bosque, donde los centinelas son los árboles y la mañana tiene sus sonidos propios.
Precioso romance que me gustó mucho más que la imagen. Le sacaste un poema que el tiempo no podrá vencer. Padre, hijo, árbol y tiempo.
Un abrazo, Maygemay, y un placer leerte.
 
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El bosque no teme al tiempo,

sólo un incendio lo apaga

y el pájaro es un segundo,

breve flecha entre las ramas,

saetilla de relojes,

que el paisaje nos regala

y a las seis, cuando amanece,

canta frente a tu ventana.

-Ay, cucú, que me fastidias,

quiero abrazarme a mi almohada,

que afuera sigue nevando

y está blanca la calzada.

Ay, cuco del monte verde,

vuela con otros fantasmas,

déjame dormir un rato

que no ha sonado la alarma.

Los minutos pasan raudos

y el niño aguarda en su cama

que le lleve el desayuno

con café, leche y tostadas

untadas con queso blanco

y un poco de mermelada.

-Padre, muy pronto en la escuela

repicará la campana

y al maestro le fastidia

que tarde entremos al aula.

El reloj domina al mundo

y en la cabeza se instala

de padre e hijo que cuentan

los segundos que les faltan.

Ambos miran hacia el bosque

donde el árbol se agiganta,

pues su vigor vence al tiempo

y hacia el cielo se derrama.

Las centurias no perturban

sus raíces aferradas

para florecer de nuevo

con la fronda renovada.

¡Ay, gigantes centinelas

de la vida que se escapa!





Otro precioso poema
nos regalas bella May,
en esa escapada del tiempo
por todos los ángulos de la vida
—cierto que no perdona—
y debemos ser puntuales
excelente, cariños, un millónnnnnnnnnnnnnnnn...

ligiA
 
Me han encantado tus sabias conclusiones, Alonso, el tiempo no puede vencer el impulso de perpetuarse de la vida, aunque nos limite con horarios y relojes. Yo me he evadido, hasta mis lagos donde el tiempo no se nota, salvo el atmosférico. Pero afortunadamente desde el lunes ha cesado el viento y el lago es un espejo.
 

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