Elisalle
Poetisa
AYER Y TUS MANOS
Manos morenas que hacen sentir que sea
la romancera en sienes platinadas.
Rindo homenaje bendito al devolver
en ese apretón sincero, la magia de mujer entera.
Entregué las mías a ellas como buscando abrigo,
como esperando que las heridas cicatricen.
No voy a usarte, compañero, la verdad será primero
y tú ya sabes que con el verbo siempre arriesgo.
-Que te puedo perder- es más noble que el engaño,
porque tu corazón sin dobleces no merece eso.
Ayer llamaste, presintiendo que algo sucedía,
sí era, no era, importancia de quimera,
luces de alba en plena Primavera, es mito que es buena,
produce alergias, otras que pasan como alergias
y que son vertederos de alguna maldición ajena.
Manos maestras, agrarias en campo fértil,
con hábil manejo buscas en ellas esperanza,
dibujando espejismos en el agua;
paciencia, corazón humilde que desgasta horas
en amarme, no sé, tal vez, el más leal y sincero.
Las cosas no son como uno siempre las quiere;
conocí el cielo y el infierno en tu ausencia,
en ambos duele y bien fuerte, tanto es que
uno se pregunta: ¿No habrá otra opción?.
Al estrechar mis manos en las tuyas sentí calor,
las retiré de prisa, era injusto, no, tú quieres más,
buscas eso que hoy no puedo darte, sería mentira
y doble peso cargarían mis débiles hombros,
haría que avance menos y a ti, dolerte más.
Es solo cariño, se queman etapas y yo las quemé.
No busco culpables ¿Para qué? Fuimos dos
y si no es cincuenta y cincuenta,
alguien desbalancea ¿Qué más?
Subo las cruentas nubes del olvido y en eso no transo
por el respeto que debo a esas manos fuertes de varón,
por la tierra curtidas con pasión,
por lecciones remarcadas en cuadernos de niño,
esmero y amor verdadero al que llegué tarde.
Ellas,
tus manos morenas,
como palomas dieron vida a mis pechos libertarios
cuando la indolencia los había secado pero tú me amabas,
yo también, eso fue ayer…
Te ruego que no vengas pidiendo explicación,
no estoy preparada para ello y me dolería más que a ti.
Ayer vi las manos benditas que tanto admiro,
y creo en tus palabras pero el tiempo no se detiene,
el tuyo-conmigo pasó, se acabó así como se pone el astro
en la caleta de tus amores donde el mar grita tu nombre;
a veces lo hicimos juntos, el y yo, cuando te fuiste.
Fue ayer, compañero, ayer, hoy el sol brilla nuevo.
Margarita
05/10/2012
Manos morenas que hacen sentir que sea
la romancera en sienes platinadas.
Rindo homenaje bendito al devolver
en ese apretón sincero, la magia de mujer entera.
Entregué las mías a ellas como buscando abrigo,
como esperando que las heridas cicatricen.
No voy a usarte, compañero, la verdad será primero
y tú ya sabes que con el verbo siempre arriesgo.
-Que te puedo perder- es más noble que el engaño,
porque tu corazón sin dobleces no merece eso.
Ayer llamaste, presintiendo que algo sucedía,
sí era, no era, importancia de quimera,
luces de alba en plena Primavera, es mito que es buena,
produce alergias, otras que pasan como alergias
y que son vertederos de alguna maldición ajena.
Manos maestras, agrarias en campo fértil,
con hábil manejo buscas en ellas esperanza,
dibujando espejismos en el agua;
paciencia, corazón humilde que desgasta horas
en amarme, no sé, tal vez, el más leal y sincero.
Las cosas no son como uno siempre las quiere;
conocí el cielo y el infierno en tu ausencia,
en ambos duele y bien fuerte, tanto es que
uno se pregunta: ¿No habrá otra opción?.
Al estrechar mis manos en las tuyas sentí calor,
las retiré de prisa, era injusto, no, tú quieres más,
buscas eso que hoy no puedo darte, sería mentira
y doble peso cargarían mis débiles hombros,
haría que avance menos y a ti, dolerte más.
Es solo cariño, se queman etapas y yo las quemé.
No busco culpables ¿Para qué? Fuimos dos
y si no es cincuenta y cincuenta,
alguien desbalancea ¿Qué más?
Subo las cruentas nubes del olvido y en eso no transo
por el respeto que debo a esas manos fuertes de varón,
por la tierra curtidas con pasión,
por lecciones remarcadas en cuadernos de niño,
esmero y amor verdadero al que llegué tarde.
Ellas,
tus manos morenas,
como palomas dieron vida a mis pechos libertarios
cuando la indolencia los había secado pero tú me amabas,
yo también, eso fue ayer…
Te ruego que no vengas pidiendo explicación,
no estoy preparada para ello y me dolería más que a ti.
Ayer vi las manos benditas que tanto admiro,
y creo en tus palabras pero el tiempo no se detiene,
el tuyo-conmigo pasó, se acabó así como se pone el astro
en la caleta de tus amores donde el mar grita tu nombre;
a veces lo hicimos juntos, el y yo, cuando te fuiste.
Fue ayer, compañero, ayer, hoy el sol brilla nuevo.
Margarita
05/10/2012
“Todos los derechos Reservados.
Prohibida su reproducción parcial
y/o total por cualquier medio”
@
Propiedad Intectual <propiedad.intelectual@dibam.c
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