Azucena

Arthi

Poeta recién llegado
De flor era su nombre y Azucena mis labios pronunciaban cuando mis brazos su cuerpo cobijaban, cuando las diáfanas perlas de entre sus parpados brotaban; cuando la amaba.
De flor era su nombre y sus ojos, de cacao, aprisionaban con recelo la pureza de un alma ávida por amar, carente de afecto y sobrada de pasión; de un alma que embelesaba a la vida, que incitaba a los sentidos y que arrebataba de la realidad a cualquiera.
De flor era su nombre y toda ella era flor, pero la humedad, la oscuridad y el frio de mi arrogancia; hicieron que sus hermosos pétalos se desprendieran cual diente de león ante la brisa matinal.
De flor era su nombre y yo: yo era de ella.
 
De flor era su nombre y Azucena mis labios pronunciaban cuando mis brazos su cuerpo cobijaban, cuando las diáfanas perlas de entre sus parpados brotaban; cuando la amaba.
De flor era su nombre y sus ojos, de cacao, aprisionaban con recelo la pureza de un alma ávida por amar, carente de afecto y sobrada de pasión; de un alma que embelesaba a la vida, que incitaba a los sentidos y que arrebataba de la realidad a cualquiera.
De flor era su nombre y toda ella era flor, pero la humedad, la oscuridad y el frio de mi arrogancia; hicieron que sus hermosos pétalos se desprendieran cual diente de león ante la brisa matinal.
De flor era su nombre y yo: yo era de ella.


Arthi:
Sublimes, dulces y amorosas son tus líneas, cuando se ama se pertenece al cosmos infinito. Los preciosos almas se reconocen. Toda preciosa flor debe cuidarse o muere. Gracias por compartir tu sensibilidad, me ha cautivado tu escrito. Recibe estrellas incontables para tu inspiración, mi saludo afectuoso, mi cálido abrazo y mi sonrisa iluminada. Enhorabuena.
 

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