Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Te he visto caminar a solas,
las horas compartidas ya lejanas,
un taciturno reloj guarda silencio
bajo el azul cobalto de la mañana.
Hay en ti pequeños resplandores,
un murmullo de cascabeles,
un angosto dolor de sexo herido
en el altar del anochecer,
la extenuación de una derrota.
Sola en la tristeza de desconocidas orillas,
yo te amo desde los claroscuros
de esta ciudad dolorida,
desde el va y viene de sus calles,
desde este corazón, ausente de tu risa,
que, ahora, late con golpes de agonía.
Qué extraño este tiempo
que nos convida a ir hacia la noche.
las horas compartidas ya lejanas,
un taciturno reloj guarda silencio
bajo el azul cobalto de la mañana.
Hay en ti pequeños resplandores,
un murmullo de cascabeles,
un angosto dolor de sexo herido
en el altar del anochecer,
la extenuación de una derrota.
Sola en la tristeza de desconocidas orillas,
yo te amo desde los claroscuros
de esta ciudad dolorida,
desde el va y viene de sus calles,
desde este corazón, ausente de tu risa,
que, ahora, late con golpes de agonía.
Qué extraño este tiempo
que nos convida a ir hacia la noche.