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Azul cobalto

Gonvedo

Poeta asiduo al portal
Te he visto caminar a solas,
las horas compartidas ya lejanas,
un taciturno reloj guarda silencio
bajo el azul cobalto de la mañana.

Hay en ti pequeños resplandores,
un murmullo de cascabeles,
un angosto dolor de sexo herido
en el altar del anochecer,
la extenuación de una derrota.

Sola en la tristeza de desconocidas orillas,
yo te amo desde los claroscuros
de esta ciudad dolorida,
desde el va y viene de sus calles,
desde este corazón, ausente de tu risa,
que, ahora, late con golpes de agonía.

Qué extraño este tiempo
que nos convida a ir hacia la noche.
 
Te he visto caminar a solas,
las horas compartidas ya lejanas,
un taciturno reloj guarda silencio
bajo el azul cobalto de la mañana.

Hay en ti pequeños resplandores,
un murmullo de cascabeles,
un angosto dolor de sexo herido
en el altar del anochecer,
la extenuación de una derrota.

Sola en la tristeza de desconocidas orillas,
yo te amo desde los claroscuros
de esta ciudad dolorida,
desde el va y viene de sus calles,
desde este corazón, ausente de tu risa,
que, ahora, late con golpes de agonía.

Qué extraño este tiempo
que nos convida a ir hacia la noche.
Un bello poema! Nostálgico, rebosante de sentimiento...
Muchas gracias por compartirlo!
 
Te he visto caminar a solas,
las horas compartidas ya lejanas,
un taciturno reloj guarda silencio
bajo el azul cobalto de la mañana.

Hay en ti pequeños resplandores,
un murmullo de cascabeles,
un angosto dolor de sexo herido
en el altar del anochecer,
la extenuación de una derrota.

Sola en la tristeza de desconocidas orillas,
yo te amo desde los claroscuros
de esta ciudad dolorida,
desde el va y viene de sus calles,
desde este corazón, ausente de tu risa,
que, ahora, late con golpes de agonía.

Qué extraño este tiempo
que nos convida a ir hacia la noche.
Excelente poema Gonvedo, un abrazo con la pluma del alma.
Hay en ti pequeños resplandores,
un murmullo de cascabeles,
un angosto dolor de sexo herido
en el altar del anochecer,
la extenuación de una derrota.
 
Te he visto caminar a solas,
las horas compartidas ya lejanas,
un taciturno reloj guarda silencio
bajo el azul cobalto de la mañana.

Hay en ti pequeños resplandores,
un murmullo de cascabeles,
un angosto dolor de sexo herido
en el altar del anochecer,
la extenuación de una derrota.

Sola en la tristeza de desconocidas orillas,
yo te amo desde los claroscuros
de esta ciudad dolorida,
desde el va y viene de sus calles,
desde este corazón, ausente de tu risa,
que, ahora, late con golpes de agonía.

Qué extraño este tiempo
que nos convida a ir hacia la noche.

Muy bueno, precioso, he leído seis o siete poemas hoy en este foro y sin duda el tuyo es el mejor, además con diferencia.

Hay versos estupendos como "yo te amo desde los claroscuros de esta ciudad dolorida", "un angosto dolor de sexo herido en el altar del anochecer" o "un taciturno reloj guarda silencio bajo el azul cobalto de la mañana", son muy buenos.

Espero leerte de nuevo y poder admirar una maravillosa poesía.

El cobalto tiene un color azul muy bonito pero cuidado porque puede matar :eek:.

Un abrazo Gonvedo.
 
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