Homar Letargo
Poeta recién llegado
Recuerdo la calle que dormía junto
A los caminos desolados de nuestro corazón ardiente
Un boulevard donde se sonrojaban los semáforos
Y laceraba con el humo de mi cigarrillo a las
Mariposas pegadas a los postes
Que les guiñaban el ojo a los taxistas mentirosos
Que nunca nos llevaron al lugar correcto
Para besarnos hasta el hastió.
Hubo una historia detrás de los espejos
Y una mirada que siempre la contó
Unas zapatillas eufóricas que bailaban hasta
El amanecer de nuestros sueño.
Qué alegría era vivir más y dormir menos
Cantando con la voz de los fantasmas
Las estaciones de los autobuses eran nuestras.
Escribiste una historia en lo retrovisores salpicados por la adolescencia
Fuiste un ángel soñando entre mi cama
Y yo un perro estampando ladridos en el techo
Cruzaba el cielo en las almohadas donde recostabas tu cadera
Me montaba en los barcos que se anclaban en medio de tus piernas
Y ahí me llene de bucólicas fragancias
Mis dedos, mi boca, mi existencia.
A los caminos desolados de nuestro corazón ardiente
Un boulevard donde se sonrojaban los semáforos
Y laceraba con el humo de mi cigarrillo a las
Mariposas pegadas a los postes
Que les guiñaban el ojo a los taxistas mentirosos
Que nunca nos llevaron al lugar correcto
Para besarnos hasta el hastió.
Hubo una historia detrás de los espejos
Y una mirada que siempre la contó
Unas zapatillas eufóricas que bailaban hasta
El amanecer de nuestros sueño.
Qué alegría era vivir más y dormir menos
Cantando con la voz de los fantasmas
Las estaciones de los autobuses eran nuestras.
Escribiste una historia en lo retrovisores salpicados por la adolescencia
Fuiste un ángel soñando entre mi cama
Y yo un perro estampando ladridos en el techo
Cruzaba el cielo en las almohadas donde recostabas tu cadera
Me montaba en los barcos que se anclaban en medio de tus piernas
Y ahí me llene de bucólicas fragancias
Mis dedos, mi boca, mi existencia.