donalph
Poeta recién llegado
¡Bailen, bailen! ¡Oh bailen!
Familia de velas,
bailen las tres luces
con el himno del humo
de la oscuridad.
Bailen la felicidad grande
de lo consumado,
bailen en el descanso eterno
de las neuronas y del calor.
¡Oh bailen el himno del humo,
familia de velas!
Bailen su camino
algún día vivo
y hoy vivo
en su esplendor.
Familia de velas
de las neuronas
esparcidas con la luz
y el tacto a tientas
después,
en la desconocida noche.
¡Oh velas que se dicen luces!
¡Oh luces apagadas del esfuerzo!
¡Grande, siempre grande!
Familia de velas,
madre de la orquesta de sombras
y trabajo silencioso,
madre de la esperanza viva
de su partición
en luces de regalo,
tan impulsadas
como un himno que se va
creando a lo largo de los ojos
más creaciones
acuestas ajenas
en avenidas,
todas venidas.
Familia de velas
en concierto
de viento,
de formas del azar
con suerte,
con recuentos doblemente
y doblemente agigantados.
Noche de los himnos
y de los mil caminos,
noche de los himnos
del humo y el recuento,
noche de las manos tomadas,
desde atrás para siempre,
desde la premisa,
elevada la víspera
a las palomas,
pendientes de sus plumas
y de sus familias del sentido,
único campo
con águilas feroces,
cernidores del tiempo
en la cantidad
restada al concierto,
a las nuevas rondas
que se van coronando.
Familia de velas
y antigüedad joven
del pulso, así,
tan desarrollado,
tan inclinado al futuro,
tan unido al pasado,
y sobrevivido por un palco
de admiración aplaudida
por una langosta de gente.
Familia de velas,
bailen las tres luces
con el himno del humo
de la oscuridad.
Bailen la felicidad grande
de lo consumado,
bailen en el descanso eterno
de las neuronas y del calor.
¡Oh bailen el himno del humo,
familia de velas!
Bailen su camino
algún día vivo
y hoy vivo
en su esplendor.
Familia de velas
de las neuronas
esparcidas con la luz
y el tacto a tientas
después,
en la desconocida noche.
¡Oh velas que se dicen luces!
¡Oh luces apagadas del esfuerzo!
¡Grande, siempre grande!
Familia de velas,
madre de la orquesta de sombras
y trabajo silencioso,
madre de la esperanza viva
de su partición
en luces de regalo,
tan impulsadas
como un himno que se va
creando a lo largo de los ojos
más creaciones
acuestas ajenas
en avenidas,
todas venidas.
Familia de velas
en concierto
de viento,
de formas del azar
con suerte,
con recuentos doblemente
y doblemente agigantados.
Noche de los himnos
y de los mil caminos,
noche de los himnos
del humo y el recuento,
noche de las manos tomadas,
desde atrás para siempre,
desde la premisa,
elevada la víspera
a las palomas,
pendientes de sus plumas
y de sus familias del sentido,
único campo
con águilas feroces,
cernidores del tiempo
en la cantidad
restada al concierto,
a las nuevas rondas
que se van coronando.
Familia de velas
y antigüedad joven
del pulso, así,
tan desarrollado,
tan inclinado al futuro,
tan unido al pasado,
y sobrevivido por un palco
de admiración aplaudida
por una langosta de gente.