En los cafés no pasa el tiempo
y siempre sentado en la última mesa
hay algun perdido extranjero
buscandose así mismo.
El olor de estufa impregna las calles
de un aroma lento y suave.
Las palabras suenan profundas
de utopías rotas y memorias escondidas.
Mi mano escribe nostalgia
de esquinas prohibidas
y laberintos de bairro Alto.
La luna hunde su puñal
de labios contagiosos y miradas directas
como balas que atraviesan
el corazón del mundo.
Yo mientras tengo los ojos cerrados
en la melodía del fado
en este tugurio lúgubre y exquisito
de oporto y guerra.
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