dragon_ecu
Esporádico permanente
Diciembre gritaba con luces su venida...
Las calles se llenaron de colorido y música.
Que villancicos, gaitas y rock and pop decembrino.
Los ojos infantiles desprendían estrellas y lágrimas.
Algunos sueños se cumplirían, mientras otros terminarían apagados.
Cada nueva mañana aparecía con más nubes que el anterior.
A medida que navegaba el 24, se sabía que de llover a la medianoche llegando el 25, la ventura sería próspera.
Se forjó un mito y tradición, el llevar paraguas la nochebuena.
Y claro no faltaba el almanaquista, que auguraba dichas en proporción a la intensidad de la lluvia.
Aquella noche no llovió tan fuerte, pero el mar estuvo tan picado, que volteó la gabarra matando a la mayoría de pasajeros.
Desde ese 24 relacioné la lluvia con las lágrimas...
No puedo explicar el desasosiego que me inunda esa fecha... mezcla extraña de alegría y pesar.
La mañana del 25, se podían ver agitadas por las olas, varias cajas de regalos.
Un 24 de Jambelí...
Un 24 de accidentes...
Un 24 de muertes...
Un 24 de incendios...
Un 24 de velatorios...
Y lo que se sumó a recibir en más de una ocasión, un 1 enero visitando tumbas y deseando feliz año rodeado de lápidas y epitafios...
Recuerdo especialmente un 24 con lluvia,
cuando una chica delgada totalmente empapada llamó mi atención.
La invité a sentarse a mi lado y compartir el paraguas, mientras las lloronas a pago alargaban el rosario para cobrar más por sus servicios.
"Los muertos no mueren si se les recuerdan"...
Escuchaba de sus labios pálidos.
Ligera dama de blanco
al pie del samán
descargó su cariño
contenido de viudez...
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