Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Jugábamos a juegos de niños entre llaves de metal viejo,
bajo la mesa, a escondidas,
dándole retorcidas formas al futuro que estaba naciendo.
Como por arte de magia, como tirando fuerte con los dedos,
tú, sujetando una enorme semilla
y yo, arañándome la piel con el tallo de latón que no dejaba de estar creciendo.
Nos asustamos tanto que se apagó la luz, bajo la mesa, ya no podíamos vernos.
Por las paredes de salón, entre las cortinas,
las ramas que habíamos visto nacer inundaban ya casi todo el universo.
Hubo quien nos buscó, para castigarnos. Hubo quien entendió nuestro juego
mientras seguimos ahí, para siempre, todos los días,
sin que nos envejeciera la piel, construyendo boca abajo nuestro propio cielo.
Le dimos una nueva forma al mundo. Quien no fue capaz de soñar, salió huyendo
y la eternidad aquí, con nosotros, a escondidas
porque para jugar a ser dios, nos basaban las manos, una semilla y un montón de alambres viejos.
bajo la mesa, a escondidas,
dándole retorcidas formas al futuro que estaba naciendo.
Como por arte de magia, como tirando fuerte con los dedos,
tú, sujetando una enorme semilla
y yo, arañándome la piel con el tallo de latón que no dejaba de estar creciendo.
Nos asustamos tanto que se apagó la luz, bajo la mesa, ya no podíamos vernos.
Por las paredes de salón, entre las cortinas,
las ramas que habíamos visto nacer inundaban ya casi todo el universo.
Hubo quien nos buscó, para castigarnos. Hubo quien entendió nuestro juego
mientras seguimos ahí, para siempre, todos los días,
sin que nos envejeciera la piel, construyendo boca abajo nuestro propio cielo.
Le dimos una nueva forma al mundo. Quien no fue capaz de soñar, salió huyendo
y la eternidad aquí, con nosotros, a escondidas
porque para jugar a ser dios, nos basaban las manos, una semilla y un montón de alambres viejos.