duf9991
Poeta adicto al portal
La grama verde:
el cielo terrestre.
La redonda pelota:
el ángel.
Casi dos docenas
que son cuan músico
para el violín.
El viento que azota
sus caras.
El fervor pegajoso,
incomprensible.
Ahí te veo
en esa niebla que es el futuro,
sudando por tu patria,
anhelando ser soladados,
siempre dando el corazón
con aquella cara inescrutable.
Ahí te veo,
cargado de emoción,
protagonizando ese juego
como si fuese tu vida.
En el fondo oyes los gritos
de la audiencia enardecida.
Tal vez una de ellas
sea mi voz enfurecida.
Ahí te veo.
En tu mente no más
que aquella bola,
el uniforme sudoroso
es como el traje
del general,
tus pies son las armas
y tus manos enemigas
rompiendo el viento.
Tú, en tu emoción no notas las cámaras,
las luces, la gente,
las masas aullando
como lobos por los goles
que tú hiciste.
Tú, en tu emoción no ves
el sudor que baja por tu pecho
no sientes la llama de pasión,
porque la eres.
Ahí te veo.
En un futuro más cercano que lejano,
y en uno lejano, al ver yo estas letras
me reiré, y recordaré
aquellos viejos tiempos
de ilusiones y sueños
que sin saberlo nosotros
se hicieron realidad.
Y en ese mismo futuro
después de ver las letras antiguas,
una mano sudorosa me distraerá
al tocar mi hombro;
me voltearé, sonreiré y te felictaré.
Y aquí en el ahora
pasarán los años, pasará la vida
de médicos y futbolistas
y aún estará el balón
en mi alma
aunque nunca llegase yo
a comprenderlo de lleno.
el cielo terrestre.
La redonda pelota:
el ángel.
Casi dos docenas
que son cuan músico
para el violín.
El viento que azota
sus caras.
El fervor pegajoso,
incomprensible.
Ahí te veo
en esa niebla que es el futuro,
sudando por tu patria,
anhelando ser soladados,
siempre dando el corazón
con aquella cara inescrutable.
Ahí te veo,
cargado de emoción,
protagonizando ese juego
como si fuese tu vida.
En el fondo oyes los gritos
de la audiencia enardecida.
Tal vez una de ellas
sea mi voz enfurecida.
Ahí te veo.
En tu mente no más
que aquella bola,
el uniforme sudoroso
es como el traje
del general,
tus pies son las armas
y tus manos enemigas
rompiendo el viento.
Tú, en tu emoción no notas las cámaras,
las luces, la gente,
las masas aullando
como lobos por los goles
que tú hiciste.
Tú, en tu emoción no ves
el sudor que baja por tu pecho
no sientes la llama de pasión,
porque la eres.
Ahí te veo.
En un futuro más cercano que lejano,
y en uno lejano, al ver yo estas letras
me reiré, y recordaré
aquellos viejos tiempos
de ilusiones y sueños
que sin saberlo nosotros
se hicieron realidad.
Y en ese mismo futuro
después de ver las letras antiguas,
una mano sudorosa me distraerá
al tocar mi hombro;
me voltearé, sonreiré y te felictaré.
Y aquí en el ahora
pasarán los años, pasará la vida
de médicos y futbolistas
y aún estará el balón
en mi alma
aunque nunca llegase yo
a comprenderlo de lleno.