Bambino Kurdo

Alejandro Leza

Poeta recién llegado
Esperanza pasajera,
apilada,
sintiéndose libre
entre risas pausadas.

Esperanza en atonía,
consumida por el fuego
que de a poco,
mitiga con mentiras
el dolor que está entre los otros.

Llantos vacíos,
sin una madre que les calme;
heridas que son más profundas,
esperanza que agoniza,
que calla,
que muere.

Un juego de guerra
que se vuelve padre;
orgullo bizarro
que alimenta el pecado,
espejos marchitos
y los sueños quemados.

La muerte vomita injusticia,
inamovible,
perversa,
segando la vida en los campos
donde el pasto no crece.

Sangre bebida,
derramada en el polvo que grita;
vidas perdidas
en camas mortales que crujen;
el peso de memorias dormidas,
rechina en oídos
que nunca los privan.

¿A dónde se marchan?
Horizontes que no son destino,
sin sueños,
sin risas,
¡Así de triste es un día
en el valle de un niño Kurdo!



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