licprof
Poeta fiel al portal
Querido bandoneòn arrabalero, suburbiero:
ya no voy a milonguear màs porque a los ancianos como yo
alegremente se los discrimina
plancho como loco
reboto a màs no poder
a pasado el tiempo en que podìa tener a una hermosa pendeja
entre mis brazos
y la verdad es que las viejas jubiladas no me gustan
ni ahì
me quedaba contemplando en el beso toda la noche o màs bien todo el domingo a la tarde
como las hermosas jòvenes bailaban
con los jòvenes ìdem
me quedaba escuchando la mùsica mientras la palestra se abarrotaba
de milongueros
yo tambièn bailè en esa pista cuando era regine
un viejo boliche que se caìa a pedazos
un tugurio infame
una covacha desarrapada
un sòtano infecto
al que se llegaba mediante una escalera de caracol
mientras el humo de los cigarrillos tambièn caracoleaba en el aire
no obstante, me gustaban esas èpocas vagamente perversas
cuando se fumaba en todo lugar cerrado
y se chupaba vino hasta la nàusea
el bandoneòn de Federico Leopoldo sonaba magnìfico
mientras las parejas de bailarines giraban sobre sì mismos
y alrededor de la pista
en contra de las agujas del reloj
orbitando alrededor de una salomònica y vaticana columna
sin embargo, me agradaban aquellos poemas ìnclitos y neoclàsicos
leidos en antiguos volùmenes españoles
en la biblioteca Miguel Canè
allì mismo donde trabajò Borges
y que èl tanto sufriò
segùn afirma en sus memorias
ah no tener una ladie para bailar con el bandoneòn de Federico!
una ladie entre los brazos
con los ojos cerrados
su mano rodeando mi nuca
o sobre mi hombro izquierdo
tete a tete
mejilla a mejilla
como en los buenos viejos tiempos
siempre mejores
para no hablar de los violines que
como una marea o màs bien marejada violenta ...
ya no voy a milonguear màs porque a los ancianos como yo
alegremente se los discrimina
plancho como loco
reboto a màs no poder
a pasado el tiempo en que podìa tener a una hermosa pendeja
entre mis brazos
y la verdad es que las viejas jubiladas no me gustan
ni ahì
me quedaba contemplando en el beso toda la noche o màs bien todo el domingo a la tarde
como las hermosas jòvenes bailaban
con los jòvenes ìdem
me quedaba escuchando la mùsica mientras la palestra se abarrotaba
de milongueros
yo tambièn bailè en esa pista cuando era regine
un viejo boliche que se caìa a pedazos
un tugurio infame
una covacha desarrapada
un sòtano infecto
al que se llegaba mediante una escalera de caracol
mientras el humo de los cigarrillos tambièn caracoleaba en el aire
no obstante, me gustaban esas èpocas vagamente perversas
cuando se fumaba en todo lugar cerrado
y se chupaba vino hasta la nàusea
el bandoneòn de Federico Leopoldo sonaba magnìfico
mientras las parejas de bailarines giraban sobre sì mismos
y alrededor de la pista
en contra de las agujas del reloj
orbitando alrededor de una salomònica y vaticana columna
sin embargo, me agradaban aquellos poemas ìnclitos y neoclàsicos
leidos en antiguos volùmenes españoles
en la biblioteca Miguel Canè
allì mismo donde trabajò Borges
y que èl tanto sufriò
segùn afirma en sus memorias
ah no tener una ladie para bailar con el bandoneòn de Federico!
una ladie entre los brazos
con los ojos cerrados
su mano rodeando mi nuca
o sobre mi hombro izquierdo
tete a tete
mejilla a mejilla
como en los buenos viejos tiempos
siempre mejores
para no hablar de los violines que
como una marea o màs bien marejada violenta ...