Armando Gómez
Poeta recién llegado
Las burbujas suben rotas, la húmedad baja sangrante, el químico baila
El orgánico se asusta
La industria fracasa, la tripulación se esfumó como pez de bocado hambruno.
Somos futuro asilo, vida de la parte del fondo
Barcas reprimidas de función, oprimidas de ficción
Orcas vienen al encuentro
Las arcas están perdiendo su valor,
aunque el tesoro no muere
Espera al trazante de mapas
Al surfista de astros
Sofista de versos
El Saturno de sus propias alhajas
El Nietzsche de su propio convento
Se hace tarde y es muy temprano, como gangrena crónica
Las lágrimas inválidas
La risa enferma, porque no se encuentra su síntoma
La cólera se contagia con miradas
Albatros sobrevuelan el océano y caen llorando en manos del pirata
Su majestad choca con el mar inmutable, y se eliminan como fuerzas resultantes en cero
Física cuántica puesta en cubierta, física soluble en un balde que limpia delfines de casa clandestina
Los corsarios saltan en su buffete, sirviendo a la gula, de su sombrero poderoso y desteñido
Somos el calabozo viejo, cuarto de estar del Cervantes hastiado.
Somos un golpeado calabozo viejo, cansado del sufrir rutinario del mirar lo mismo
Marea de dialéctica, tsunami de semántica, mala pesca artesanal
Las lanchas como imagen tropical del encargo de vicio
Las manchas de agua como foto del desquicio, danza caribeña del esclavo de su inmensidad continental, cosmo-maritima.
Épocas abstractas dislumbra el telescopio, frecuencias fuertes murmulla el radar viviente, rasgo mental del alquimista intolerable
Épocas abstractas, terraza de picasso, masmorra del incauto
Épocas pecosas, como piel hiriente de una barba sucia en pleno sol de Barbados.
El orgánico se asusta
La industria fracasa, la tripulación se esfumó como pez de bocado hambruno.
Somos futuro asilo, vida de la parte del fondo
Barcas reprimidas de función, oprimidas de ficción
Orcas vienen al encuentro
Las arcas están perdiendo su valor,
aunque el tesoro no muere
Espera al trazante de mapas
Al surfista de astros
Sofista de versos
El Saturno de sus propias alhajas
El Nietzsche de su propio convento
Se hace tarde y es muy temprano, como gangrena crónica
Las lágrimas inválidas
La risa enferma, porque no se encuentra su síntoma
La cólera se contagia con miradas
Albatros sobrevuelan el océano y caen llorando en manos del pirata
Su majestad choca con el mar inmutable, y se eliminan como fuerzas resultantes en cero
Física cuántica puesta en cubierta, física soluble en un balde que limpia delfines de casa clandestina
Los corsarios saltan en su buffete, sirviendo a la gula, de su sombrero poderoso y desteñido
Somos el calabozo viejo, cuarto de estar del Cervantes hastiado.
Somos un golpeado calabozo viejo, cansado del sufrir rutinario del mirar lo mismo
Marea de dialéctica, tsunami de semántica, mala pesca artesanal
Las lanchas como imagen tropical del encargo de vicio
Las manchas de agua como foto del desquicio, danza caribeña del esclavo de su inmensidad continental, cosmo-maritima.
Épocas abstractas dislumbra el telescopio, frecuencias fuertes murmulla el radar viviente, rasgo mental del alquimista intolerable
Épocas abstractas, terraza de picasso, masmorra del incauto
Épocas pecosas, como piel hiriente de una barba sucia en pleno sol de Barbados.
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