Cris Cam
Poeta adicto al portal
Basta
Basta con una palabra, para abarcar, desbastar, apropiar.
No es basta la palabra que invoca tu nombre.
Es vasto el silencio recortado por los dientes de tu risa.
Basta con cerrar los ojos y recordar mentas añejas,
que desempolvar colores de mariposas,
dormidas en libros rotos de humedad.
No sé si me basta tu deshoje de margarita,
terminando siempre en mis Te quiero,
como si fuera una vil zanahoria para disculpar los trópicos.
Siento de basto vientre,
no cercenado de espadas y bastos,
quiero una moneda española,
para brindar un rojo vino
que se escurre por tu pecho.
No voy a afirmar mis tallos secos,
en la vastedad química,
de los adioses de teléfono.
Recibiré en mi puerto de sudadas noches
tu ojo de prismas inconexos.
Y digo, ¡basta!,
basta a mis dogmas de registros oxidados,
cuando me contás,
la segunda lectura de misa de nueve,
y de tu boca de menta,
y de tu dolor de columna,
y tu cuerpo desnudo.
Basta que diga basta.
Con un sólo Te amo es suficiente.
Para navegar en tus aguas.
Basta con una palabra, para abarcar, desbastar, apropiar.
No es basta la palabra que invoca tu nombre.
Es vasto el silencio recortado por los dientes de tu risa.
Basta con cerrar los ojos y recordar mentas añejas,
que desempolvar colores de mariposas,
dormidas en libros rotos de humedad.
No sé si me basta tu deshoje de margarita,
terminando siempre en mis Te quiero,
como si fuera una vil zanahoria para disculpar los trópicos.
Siento de basto vientre,
no cercenado de espadas y bastos,
quiero una moneda española,
para brindar un rojo vino
que se escurre por tu pecho.
No voy a afirmar mis tallos secos,
en la vastedad química,
de los adioses de teléfono.
Recibiré en mi puerto de sudadas noches
tu ojo de prismas inconexos.
Y digo, ¡basta!,
basta a mis dogmas de registros oxidados,
cuando me contás,
la segunda lectura de misa de nueve,
y de tu boca de menta,
y de tu dolor de columna,
y tu cuerpo desnudo.
Basta que diga basta.
Con un sólo Te amo es suficiente.
Para navegar en tus aguas.