Pablo Jiménez
Poeta recién llegado
Al mando Leónidas de Helenas huestes,
que al propio Jerjes, feroz, desafían
por angosto paso en suelos agrestes
de las Termópilas, sangre no fían
por Esparta los trescientos; celestes,
cielos celestes se ennegrecían,
y en ser de Persas el bastión tomado,
por Zeus el furor greco amparado.
¡Cuán de Asia ejército numeroso,
temeroso! ¿Cenarán en infierno?
Con ánima y el ánimo afrentoso,
así los griegos por su rey eterno,
cetro en mano, rey poderoso,
incluso a los espectros del Averno,
como en Minos venciera Teseo,
vencerá al de Persia el ciclón Aqueo.
Marcha Esparta en cerrada formación,
túnica y manto color escarlata,
que a ojos de dioses contemplación
era de entrañas y de espadas sonata.
Eclipsado Febo, no ha rendición
que, entre rojo suelo y dagas de plata,
por el desfiladero de Caín,
sufran los Inmortales de Persia al fin.
¡Oh!, allí donde lanzas llueve el cielo,
donde escudos frenan la tormenta,
arrastrando al abismo, fatal vuelo,
a Hoplitas, donde Hades calienta.
Siete días ha, ejército de hielo
que, con hierro, afronta la afrenta,
mas por alta traición concebida
emboscaron el paso, fuese la vida.
Descendientes de Perseo en batida
mataron leones, triste estampa.
La fosa común ya era crecida;
y a fe mía, que bajo aquella trampa
su alma, de Leónidas, recibida
sería donde tanta sangre campa.
Y el rey de Esparta allí feneció,
pues Esparta o muerte él sentenció.
que al propio Jerjes, feroz, desafían
por angosto paso en suelos agrestes
de las Termópilas, sangre no fían
por Esparta los trescientos; celestes,
cielos celestes se ennegrecían,
y en ser de Persas el bastión tomado,
por Zeus el furor greco amparado.
¡Cuán de Asia ejército numeroso,
temeroso! ¿Cenarán en infierno?
Con ánima y el ánimo afrentoso,
así los griegos por su rey eterno,
cetro en mano, rey poderoso,
incluso a los espectros del Averno,
como en Minos venciera Teseo,
vencerá al de Persia el ciclón Aqueo.
Marcha Esparta en cerrada formación,
túnica y manto color escarlata,
que a ojos de dioses contemplación
era de entrañas y de espadas sonata.
Eclipsado Febo, no ha rendición
que, entre rojo suelo y dagas de plata,
por el desfiladero de Caín,
sufran los Inmortales de Persia al fin.
¡Oh!, allí donde lanzas llueve el cielo,
donde escudos frenan la tormenta,
arrastrando al abismo, fatal vuelo,
a Hoplitas, donde Hades calienta.
Siete días ha, ejército de hielo
que, con hierro, afronta la afrenta,
mas por alta traición concebida
emboscaron el paso, fuese la vida.
Descendientes de Perseo en batida
mataron leones, triste estampa.
La fosa común ya era crecida;
y a fe mía, que bajo aquella trampa
su alma, de Leónidas, recibida
sería donde tanta sangre campa.
Y el rey de Esparta allí feneció,
pues Esparta o muerte él sentenció.