EL ARPONERO DE LA TINTA
Poeta asiduo al portal

Se acabará esta forma de escribir
y de saturar al ojo, con grafos en escala.
No tendrá falange ya el poeta
ni muro, ni rincón, ni escapulario.
Un tsunami de plataformas refulgirá
entre posibles partículas
y adormecerá, aquel antiguo arte
de encubrar en el papel
los secretos del dragón,
¡ese que escupe fuego de su alma!
Todo será tan digital y tan estricto
que por fin el ente matemático
dominará el mundo.
¡Así, lo soñó Pitágoras!
El mundo coloquial a la fina esponja
sometido a el ósmosis
donde el cerebro ya no piensa,
sino que se vuelve permeable
al sigilo de una clave.
Mas habrá lugar entre la raya y el número,
un ecosistema de trazos y puntos
en donde un sostén de consonantes y vocales,
-cual electrones libres-
reproduzcan el canto del poeta
y exploten en una génesis universal;
habrá lugar y tiempo para engendrar palabras
y tuyo será el momento, poeta,
para adornar otra vez la vida
y destronar al número de su genio,
ya no pensando en ceros y unos...
sí, en afluentes vivos de un abecedario.