Omnis
Poeta fiel al portal
<a href="http://www.youtube.com/watch?v=HJ0c-i7lAWk&feature=related">[video=youtube;HJ0c-i7lAWk]http://www.youtube.com/watch?v=HJ0c-i7lAWk&feature=related[/video]

Siempre quise ser libre en el espíritu y en el corazón, aunque un poco suspicaz, busque entre la gente hasta que encontré alguien como tú, quería sentir algo limpio y lleno, algo único, hablar con alguien que entendiera mis pensamientos, lo que quiero hacer de mi existir, saborear algo más allá del querer ordinario. Hoy, tú y yo conocemos nuestras penas, alegrías, anhelos, y tormentos. Disfrutamos nuestra vida en ésta cúspide existencial, que es la dicha, más no sé si lo merecemos Dios sabe que le estaremos eternamente agradecidos. Por un destino tallado en rocas de mármol sagrado, henos aquí, estamos los dos solos esta noche, hay una sospecha grata en el ambiente, nos abrazamos sonriendo, un silencio espeso se hace presente, sin miedos ni transgresiones, queremos estar lo más cerca posible, superar la última frontera física, conocer la señal que nos llama a explorar de la mano la profundidad de nuestras más abstractas verdades. Nos miramos, nos dejamos llevar por este cariño, esta estima, este sosiego, cordialidad, que se aúnan en romanticismo que ya no cabe en nosotros, necesitamos manifestar nuestros sentimientos de otra forma, hacerlos desbordar en su significado más afectuoso, por nuestros cuerpos. Acortamos la distancia de nuestras caras, lento, como si el espacio entre nosotros soplara fuertes suspiros. Juntamos tu frente y la mía en un gesto de aprecio y sumisión, nos estremecemos. Ansiosos de demostrar nuestra felicidad bebemos almíbar de cereza de nuestras bocas, intentando con todas nuestras fuerzas ahogarnos en él y averiguar si se puede tener una pacífica muerte en el intento. Tapados en un manto de caricias incesantes, nuestras propias manos nos funden la piel, convenciéndonos, de que traspasamos nuestro interior, hasta tocar nuestras almas que se retuercen suavemente. Somos dos animales tiernos, con sed y hambre insaciables, aunque con ojos de lobo que reflejan la luz lunar de nuestros instintos. Viene una neblina de elocuencia, y se aposenta en nuestras mentes, se convierte de a poco en lluvia relajante que recita pasión a nuestros oídos. El aire transmuta en agua, nos mezclamos girando en una danza de cortejo, como dos animales de presa cazando en círculos de gracia un bocado de placer. Los vientos de nuestras intenciones hacen caer nuestras ropas. Mi nariz se lanza por tu cascada de cabellos que aterriza en tus hombros. Exhalando brizas de calor, mis labios dan un paseo lento y silente por el arroyo que transita en tu espalda. Observamos nuestros rostros cálidos, abrimos nuestras alas y nos acurrucamos mutuamente, una de mis manos baja entre tus dos acantilados de roca, hasta llegar a las arenas sedosas de la playa de tus secretos. Me zambullo entre sus mareas, me convierto en tu veloz tritón, empuño mi tridente tallado en rubíes, me sumerjo en tu abismo más virgen y puro, que me succiona con sus corrientes, y yo embisto las costas de tus caderas con los embates de mis olas de deseo, una y otra vez. Las corrientes de este océano son cada vez más calurosas, empiezan a hervir, están muy calientes, tanto que creo que vamos nadando dentro del sol. Sollozamos como dos delfines extasiados, componemos un soneto con gemidos y gritos que inundan el vació sin contemplaciones. Nuestro nido se transforma en corales esponjosos, tendidos, somos dos anémonas anhelando la luz de auroras boreales, buscando el instante efímero de la más absoluta candidez, viviendo y brillando en su momento más vital, más simple y espontáneo. Hasta que finalmente, detenemos el reloj, y llega la explosión del blanco ardor, de la candente luz de nuestro amor. Me quedo abrazado a ti, acariciando tus mejillas, y esbozamos sonrisas hasta caer dormidos. No ensuciare este momento con ninguna palabra indigna. No dejare extinguir esta unión, ni ante las peores tormentas de oscuridad y frio, ni ante las distancias más extensas del olvido. Vivamos por siempre en este regalo que nos ofrece Dios, una de sus más inspiradas autorías. Valoremos nuestro interior que siempre estará dispuesto a recibir compañía. Siempre estaré contigo, seré tu amigo fiel, puede que muera, puede que sufra de cualquier manera, pero siempre estaré ahí para acompañarte, y para que compartamos todas las cosas que nos entrega este mundo.

Siempre quise ser libre en el espíritu y en el corazón, aunque un poco suspicaz, busque entre la gente hasta que encontré alguien como tú, quería sentir algo limpio y lleno, algo único, hablar con alguien que entendiera mis pensamientos, lo que quiero hacer de mi existir, saborear algo más allá del querer ordinario. Hoy, tú y yo conocemos nuestras penas, alegrías, anhelos, y tormentos. Disfrutamos nuestra vida en ésta cúspide existencial, que es la dicha, más no sé si lo merecemos Dios sabe que le estaremos eternamente agradecidos. Por un destino tallado en rocas de mármol sagrado, henos aquí, estamos los dos solos esta noche, hay una sospecha grata en el ambiente, nos abrazamos sonriendo, un silencio espeso se hace presente, sin miedos ni transgresiones, queremos estar lo más cerca posible, superar la última frontera física, conocer la señal que nos llama a explorar de la mano la profundidad de nuestras más abstractas verdades. Nos miramos, nos dejamos llevar por este cariño, esta estima, este sosiego, cordialidad, que se aúnan en romanticismo que ya no cabe en nosotros, necesitamos manifestar nuestros sentimientos de otra forma, hacerlos desbordar en su significado más afectuoso, por nuestros cuerpos. Acortamos la distancia de nuestras caras, lento, como si el espacio entre nosotros soplara fuertes suspiros. Juntamos tu frente y la mía en un gesto de aprecio y sumisión, nos estremecemos. Ansiosos de demostrar nuestra felicidad bebemos almíbar de cereza de nuestras bocas, intentando con todas nuestras fuerzas ahogarnos en él y averiguar si se puede tener una pacífica muerte en el intento. Tapados en un manto de caricias incesantes, nuestras propias manos nos funden la piel, convenciéndonos, de que traspasamos nuestro interior, hasta tocar nuestras almas que se retuercen suavemente. Somos dos animales tiernos, con sed y hambre insaciables, aunque con ojos de lobo que reflejan la luz lunar de nuestros instintos. Viene una neblina de elocuencia, y se aposenta en nuestras mentes, se convierte de a poco en lluvia relajante que recita pasión a nuestros oídos. El aire transmuta en agua, nos mezclamos girando en una danza de cortejo, como dos animales de presa cazando en círculos de gracia un bocado de placer. Los vientos de nuestras intenciones hacen caer nuestras ropas. Mi nariz se lanza por tu cascada de cabellos que aterriza en tus hombros. Exhalando brizas de calor, mis labios dan un paseo lento y silente por el arroyo que transita en tu espalda. Observamos nuestros rostros cálidos, abrimos nuestras alas y nos acurrucamos mutuamente, una de mis manos baja entre tus dos acantilados de roca, hasta llegar a las arenas sedosas de la playa de tus secretos. Me zambullo entre sus mareas, me convierto en tu veloz tritón, empuño mi tridente tallado en rubíes, me sumerjo en tu abismo más virgen y puro, que me succiona con sus corrientes, y yo embisto las costas de tus caderas con los embates de mis olas de deseo, una y otra vez. Las corrientes de este océano son cada vez más calurosas, empiezan a hervir, están muy calientes, tanto que creo que vamos nadando dentro del sol. Sollozamos como dos delfines extasiados, componemos un soneto con gemidos y gritos que inundan el vació sin contemplaciones. Nuestro nido se transforma en corales esponjosos, tendidos, somos dos anémonas anhelando la luz de auroras boreales, buscando el instante efímero de la más absoluta candidez, viviendo y brillando en su momento más vital, más simple y espontáneo. Hasta que finalmente, detenemos el reloj, y llega la explosión del blanco ardor, de la candente luz de nuestro amor. Me quedo abrazado a ti, acariciando tus mejillas, y esbozamos sonrisas hasta caer dormidos. No ensuciare este momento con ninguna palabra indigna. No dejare extinguir esta unión, ni ante las peores tormentas de oscuridad y frio, ni ante las distancias más extensas del olvido. Vivamos por siempre en este regalo que nos ofrece Dios, una de sus más inspiradas autorías. Valoremos nuestro interior que siempre estará dispuesto a recibir compañía. Siempre estaré contigo, seré tu amigo fiel, puede que muera, puede que sufra de cualquier manera, pero siempre estaré ahí para acompañarte, y para que compartamos todas las cosas que nos entrega este mundo.
Última edición: