Ania Kupuri
Poeta recién llegado
La no agraciada perfuma los caminos y senderos
con ternuras de luceros y cánticos entre bruma.
Los cielos rojos comparte entre suavidad de pluma
y besando va parte a parte, los futuros venideros.
Ella ingenua hace tregua entre los soles de otoño
y hace crecer el retoño, entre la luna que mengua.
La no agraciada dibuja olvidos y lleva bajo la lengua
la certeza del sigilo envuelto en color y moño.
La no agraciada ignora, que su andar alguien desea
y de lejos ella embelesa un corazón que la adora.
Nada hay para aquel hombre que la dicha arrolladora
de amarla sin ser costumbre y obtener esa presea.
La no agraciada que llora, el nunca haber sido bella
mientras un alma destella, glorias finas por su aurora.
Mientras su reflejo puro no crea envidia y nadie añora
un hombre daría la vida por ser de ella ¡Sólo de ella!
©
con ternuras de luceros y cánticos entre bruma.
Los cielos rojos comparte entre suavidad de pluma
y besando va parte a parte, los futuros venideros.
Ella ingenua hace tregua entre los soles de otoño
y hace crecer el retoño, entre la luna que mengua.
La no agraciada dibuja olvidos y lleva bajo la lengua
la certeza del sigilo envuelto en color y moño.
La no agraciada ignora, que su andar alguien desea
y de lejos ella embelesa un corazón que la adora.
Nada hay para aquel hombre que la dicha arrolladora
de amarla sin ser costumbre y obtener esa presea.
La no agraciada que llora, el nunca haber sido bella
mientras un alma destella, glorias finas por su aurora.
Mientras su reflejo puro no crea envidia y nadie añora
un hombre daría la vida por ser de ella ¡Sólo de ella!
©