Benjamín, el sepulturero.

MARISOL PÉREZ

Poeta que considera el portal su segunda casa


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Benjamín, el sepulturero.


Había llovido la noche entera, tempestades furiosas caían. Como si el viento presagiaba
algo adverso. Aquel invierno halo una fuerza tan nefasta ¡Yo diría que hasta profanadora!

Remontaré por un instante, aquellas imágenes que aún se mantienen congeladas en mi memoria y cerraré en unas efímeras formas, mi momento y aquella historia del sepulturero.

La brisa fría de esa tarde de otoño, bordó un surco de recuerdos, el sombrío tinte de la tarde, fue opacando sus matices lentamente. Era el día de los muertos, siempre como de costumbre, iba a visitar la tumba de mis abuelos y aprovechaba para quedarme unos días de respiro en aquella alquería. Cruce aquel puente antiguo;.De historias raras y paradójicas....Poco después de la caminata, ya me encontraba en el camposanto.

Ahí estaba Benjamín, el viejo guardián sepulturero. Igual como todos los años, de cabellos sucios, poco dientes y ropa con remiendos;.Solo su noble corazón no lo tenía descosido.
Me acompañó hasta la tumba, con sus pasos lentos, ya habían flores en aquellos floreros;Le pregunte; ¿Quién había venido?...A lo lejos se escuchaba un lloriqueo, nunca llegue a ver a nadie;. ¡Nadie había ido al camposanto!...Aquella incertidumbre
se cubría en turbación, mientras que el anciano sacaba de su bolsillo remendado un sucio pañuelo para secarse el sudor, de su agitada fiebre. Minutos breves se escucha
el aullido de sus perros, dos mastines españoles, parecían nerviosos y asustados. Aquel anciano no pronunció palabras, se dio media vuelta y se fue.

Cada vez se hacía pertinaz aquel aullar;.Ya mi cuerpo empieza a rociarle esas gotas de pesadumbre y apuró mis pasos para irme, el frío y los grises venideros de la noche, me anticipan;.Miraba hacia el cielo, aquel vendaval de tormentas se venía venir. Apresuré más mis pasos, caminaba más la oscuridad y el mismo viento espeluznante que a la vez dispersaba tantas hojas en mis zapatos.

Las primeras gotas escarchadas empezaban a caer y las luces de los relámpagos agudizaban más el momento;.Corrí para salvarme de aquel invierno entrante y un viento temible, cerró el portón del camposanto; ¡Sentí pánico! Pensé correr hasta la buhardilla de Benjamín eche un vistazo, todo era oscuro y tenebroso;Solo podía oír aquellos aullidos perros; ¡Creo que mi corazón se paralizó! De repente reanudo la acción y logró atinar que en mi bolso llevó siempre la manivela de la puerta, de la casa vieja de mis abuelos. La saqué, trate de abrir y probar con ella; Cuando siento una mano y un aliento hermético detrás de mí;.Jo...De nuevo me paralizó por completo, aquellos gritos fueron aterradores....Escasos segundos, enseguida noté que eran los dedos amarillentos de las manos de Benjamín.

Me abrió el portón, corrí como un venado sin aliento y sin mirar para ningún lado, solo quería llegar a la vieja alquería. Recuerdo que subí al ático con una taza de chocolate bien caliente y desde aquella ventanilla fui viendo aquel vendaval, parecía el propio temporal en su ruptura. La naturaleza se veía brumosa;Los arboles caerse, los perros corriendo buscando resguardo, cuantos despojos cargaba el río;.

A la mañana siguiente, fui a darle las gracias al Sr Benjamín y a darle el pago de su mantenimiento; Pero se aciago un fatal desenlace;. ¡Cual será mi sorpresa! El río se llevo todo;Se inundo cualquier camino;.Aquel invierno saqueo hasta las tumbas;Solo quedó aquel portón, Jamás se pudo encontrar el cuerpo del sepulturero y sus dos mastines;Solo las dos lápidas de mis abuelos.

Años después fui a visitar la aldea de mis abuelos y a dejar unas flores en aquellos caminos;Convertido hoy en día, en un parador de rezos. Pase llorando, pues fui la última persona en visitarlo, momento más tarde;Empecé a escuchar aquellos aullidos de mastines. ¡No pude evitar el escalofrío!..Aquel temblor cubrió mi cuerpo, cuando vi que Benjamín me abría la puerta.

SOL.
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Benjamín, el sepulturero.


Había llovido la noche entera, tempestades furiosas caían. Como si el viento presagiaba
algo adverso. Aquel invierno halo una fuerza tan nefasta… ¡Yo diría que hasta profanadora!

Remontaré por un instante, aquellas imágenes que aún se mantienen congeladas en mi memoria y cerraré en unas efímeras formas, mi momento y aquella historia del sepulturero.

La brisa fría de esa tarde de otoño, bordó un surco de recuerdos, el sombrío tinte de la tarde, fue opacando sus matices lentamente. Era el día de los muertos, siempre como de costumbre, iba a visitar la tumba de mis abuelos y aprovechaba de quedarme unos días de respiro en aquella alquería. Cruce aquel puente antiguo….De historias raras y paradójicas....Poco después de la caminata, ya me encontraba en el camposanto.

Ahí estaba Benjamín, el viejo guardián sepulturero. Igual como todos los años, de cabellos sucios, poco dientes y ropa con remiendos….Solo su noble corazón no lo tenía descosido.
Me acompañó hasta la tumba, con sus pasos lentos, ya habían flores en aquellos floreros…Le pregunte; ¿Quién había venido?...A lo lejos se escuchaba un lloriqueo, nunca llegue a ver a nadie…. ¡Nadie había ido al camposanto!...Aquella incertidumbre
se cubría en turbación, mientras que el anciano sacaba de su bolsillo remendado un sucio pañuelo para secarse el sudor, de su agitada fiebre. Minutos breves se escucha
el aullido de sus perros, dos mastín español, parecían nerviosos y asustados. Aquel anciano no pronunció palabras, se dio media vuelta y se fue.

Cada vez se hacía pertinaz aquel aullar….Ya mi cuerpo empieza a rociarle esas gotas de pesadumbre y apuró mis pasos para irme, el frío y los grises venideros de la noche, me anticipan….Miraba hacia el cielo, aquel vendaval de tormentas se venía venir. Apresuré más mis pasos, caminaba más la oscuridad y el mismo viento espeluznante que a la vez dispersaba tantas hojas a mis zapatos.

Las primeras gotas escarchadas empiezan a caer y las luces de los relámpagos agudizaban más el momento….Corrí para salvarme de aquel invierno entrante y un viento temible, cerró el portón del camposanto… ¡Sentí pánico! Pensé correr hasta la buhardilla de Benjamín eche un vistazo, todo era oscuro y tenebroso…Solo podía oír aquellos aullidos perros… ¡Creo que mi corazón se paralizó! De repente reanudo la acción y logró atinar que en mi bolso llevó siempre la manivela de la puerta, de la casa vieja de mis abuelos. La saqué, trate de abrir y probar con ella… Cuando siento una mano y un aliento hermético detrás de mí….Jo,…De nuevo me paralizó por completo, aquellos gritos fueron aterradores....Escasos segundos, enseguida noté que eran los dedos amarillentos de las manos de Benjamín.

Me abrió el portón, corrí como un venado sin aliento y sin mirar para ningún lado, solo quería llegar a la vieja alquería. Recuerdo que subí al ático con una taza de chocolate bien caliente y desde aquella ventanilla fui viendo aquel vendaval, parecía el propio temporal en su ruptura. La naturaleza se veía brumosa…Los arboles caerse, los perros corriendo buscando resguardo, cuantos despojos cargaba el río….

A la mañana siguiente, fui a darle las gracias al Sr Benjamín y a darle el pago de su mantenimiento…Pero se aciago un fatal desenlace…. ¡Cual será mi sorpresa! El río se llevo todo…Se inundo cualquier camino….Aquel invierno saqueo hasta las tumbas…Solo quedó aquel portón, Jamás se pudo encontrar el cuerpo del sepulturero y sus dos mastines…Solo las dos lápidas de mis abuelos.

Años después fui a visitar la aldea de mis abuelos y a dejar unas flores en aquellos caminos…Convertido hoy en día, en un parador de rezos. Pase llorando, pues fui la última persona en visitarlo, momento más tarde…Empecé a escuchar aquellos aullidos de mastines. ¡No pude evitar el escalofrío!..Aquel temblor cubrió mi cuerpo, cuando vi que Benjamín me abría la puerta.

SOL.

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Estimada SOL, te felicito por esta prosa, en donde encontré, misterio, terror, y la llevaste tan bien, que fue ágil la lectura e interesante , ya que quería terminar,,para saber , como finalizaba, y realmente le has puesto un final de pelicula, como los poetas, que saben rematar un relato así, de ahi, que te envío muchas felicitaciones, ya que me agradó sobre manera,
y realmente te desenvuelves muy bien, en este estilo, gracias por invitarme he disfrutado de tu escrito, te extrañaba, hace mucho que no nos cruzabamos.
Te dejo todas las estrellas , mi afecto, mi respeto y mi admiración a tus letras.Un fuerte abrazo y que Dios te siga bendiciendo.



Hector Alberto Villarruel.
 
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Excelente relato, Marisol. En sí contiene todos los recursos narrativos de los mejores cuentistas góticos. Me encantó.
Si me permitís, y te pido disculpas anticipadas por ello, porque no me gusta corregir, pero es para que no desluzca a la historia, hay unos pequeñines errores en la utilización de los tiempos verbales, entre otros.

Mira:

- y aprovechaba de quedarme unos días de respiro en aquella alquería. (para)
- ---
Minutos breves se escuchael aullido de sus perros, dos mastín español, parecían nerviosos y asustados. (durante, al transcurrir algunos... /lo que prefieras para introducir al complemento siguiente y determinar el tiempo narrativo/); (mastines españoles /correspondencia de plurales/).
-
y el mismo viento espeluznante que a la vez dispersaba tantas hojas a mis zapatos. (en mis)
-
Las primeras gotas escarchadas empiezan a caer... (empezaban).


Un truquito que es muy útil para todos los que escribimos narrativa y a decir verdad, es la correlación temporal más utilizada, es contar los acontecimientos pasados usando el pretérito perfecto compuesto, los presentes, en Presente y los posteriores en continuidad en Futuro.
Te paso una tabla simple, tal vez te sirva: (disculpa el tamaño de imagen, no me permite el foro introducir tablas para que quede más claro).

tabla.jpg


Por lo demás, el cuento es magnífico y me deja muchas ganas de leer... creo que no podré dormir sin leer algo de Ann Radcliffe. Muchos saludos y estrellas.
 
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Benjamín, el sepulturero.


Había llovido la noche entera, tempestades furiosas caían. Como si el viento presagiaba
algo adverso. Aquel invierno halo una fuerza tan nefasta… ¡Yo diría que hasta profanadora!

Remontaré por un instante, aquellas imágenes que aún se mantienen congeladas en mi memoria y cerraré en unas efímeras formas, mi momento y aquella historia del sepulturero.

La brisa fría de esa tarde de otoño, bordó un surco de recuerdos, el sombrío tinte de la tarde, fue opacando sus matices lentamente. Era el día de los muertos, siempre como de costumbre, iba a visitar la tumba de mis abuelos y aprovechaba de quedarme unos días de respiro en aquella alquería. Cruce aquel puente antiguo….De historias raras y paradójicas....Poco después de la caminata, ya me encontraba en el camposanto.

Ahí estaba Benjamín, el viejo guardián sepulturero. Igual como todos los años, de cabellos sucios, poco dientes y ropa con remiendos….Solo su noble corazón no lo tenía descosido.
Me acompañó hasta la tumba, con sus pasos lentos, ya habían flores en aquellos floreros…Le pregunte; ¿Quién había venido?...A lo lejos se escuchaba un lloriqueo, nunca llegue a ver a nadie…. ¡Nadie había ido al camposanto!...Aquella incertidumbre
se cubría en turbación, mientras que el anciano sacaba de su bolsillo remendado un sucio pañuelo para secarse el sudor, de su agitada fiebre. Minutos breves se escucha
el aullido de sus perros, dos mastín español, parecían nerviosos y asustados. Aquel anciano no pronunció palabras, se dio media vuelta y se fue.

Cada vez se hacía pertinaz aquel aullar….Ya mi cuerpo empieza a rociarle esas gotas de pesadumbre y apuró mis pasos para irme, el frío y los grises venideros de la noche, me anticipan….Miraba hacia el cielo, aquel vendaval de tormentas se venía venir. Apresuré más mis pasos, caminaba más la oscuridad y el mismo viento espeluznante que a la vez dispersaba tantas hojas a mis zapatos.

Las primeras gotas escarchadas empiezan a caer y las luces de los relámpagos agudizaban más el momento….Corrí para salvarme de aquel invierno entrante y un viento temible, cerró el portón del camposanto… ¡Sentí pánico! Pensé correr hasta la buhardilla de Benjamín eche un vistazo, todo era oscuro y tenebroso…Solo podía oír aquellos aullidos perros… ¡Creo que mi corazón se paralizó! De repente reanudo la acción y logró atinar que en mi bolso llevó siempre la manivela de la puerta, de la casa vieja de mis abuelos. La saqué, trate de abrir y probar con ella… Cuando siento una mano y un aliento hermético detrás de mí….Jo,…De nuevo me paralizó por completo, aquellos gritos fueron aterradores....Escasos segundos, enseguida noté que eran los dedos amarillentos de las manos de Benjamín.

Me abrió el portón, corrí como un venado sin aliento y sin mirar para ningún lado, solo quería llegar a la vieja alquería. Recuerdo que subí al ático con una taza de chocolate bien caliente y desde aquella ventanilla fui viendo aquel vendaval, parecía el propio temporal en su ruptura. La naturaleza se veía brumosa…Los arboles caerse, los perros corriendo buscando resguardo, cuantos despojos cargaba el río….

A la mañana siguiente, fui a darle las gracias al Sr Benjamín y a darle el pago de su mantenimiento…Pero se aciago un fatal desenlace…. ¡Cual será mi sorpresa! El río se llevo todo…Se inundo cualquier camino….Aquel invierno saqueo hasta las tumbas…Solo quedó aquel portón, Jamás se pudo encontrar el cuerpo del sepulturero y sus dos mastines…Solo las dos lápidas de mis abuelos.

Años después fui a visitar la aldea de mis abuelos y a dejar unas flores en aquellos caminos…Convertido hoy en día, en un parador de rezos. Pase llorando, pues fui la última persona en visitarlo, momento más tarde…Empecé a escuchar aquellos aullidos de mastines. ¡No pude evitar el escalofrío!..Aquel temblor cubrió mi cuerpo, cuando vi que Benjamín me abría la puerta.

SOL.

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Entretenida e interesante historia. A decir verdad no es mi estilo preferido pero tú la llevas bien de principio a fin...
Te dejo estrellas y cordiales saludos...
Vidal
 
Un excelente trabajo amiga. Desde el principio al fin se ve la intriga que dibujas en tus letras. El desarrollo es bueno y el final para que te de un infarto. Mis aplausos y estrellas
Un beso
 
Hay mari que mieeedoooo!!! Ahora si me dio miedo...casi que me meti en tu historia, esos aullidos me dieron escalofrios, y si benjamin me sale caigo muerta del susto...hasta se me agitaba el corazon como si viera una pelicula de terror...muy bueno...tienes talento...me llevabas y me traias de ultratumba...ja ja , me encanto..saludos querida..
 
Querida Marisol,¿ y a quién no se le hiela la sangre ante esa situación?,
¡pobre Benjamín!,quizá ni él se percató que estaba muerto!!!!!
Niña,los cementerios siempre tienes ese halo de misterio tan inspirador para la tristeza o,como en este caso,para un inquietante relato de terror.
Espero que esta noche no sueñes con Benjamín,je,je,je...
Un gusto pasar,
un beso.
 
MARISOL PÉREZ;3991473 dijo:


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Benjamín, el sepulturero.


Había llovido la noche entera, tempestades furiosas caían. Como si el viento presagiaba
algo adverso. Aquel invierno halo una fuerza tan nefasta… ¡Yo diría que hasta profanadora!

Remontaré por un instante, aquellas imágenes que aún se mantienen congeladas en mi memoria y cerraré en unas efímeras formas, mi momento y aquella historia del sepulturero.

La brisa fría de esa tarde de otoño, bordó un surco de recuerdos, el sombrío tinte de la tarde, fue opacando sus matices lentamente. Era el día de los muertos, siempre como de costumbre, iba a visitar la tumba de mis abuelos y aprovechaba para quedarme unos días de respiro en aquella alquería. Cruce aquel puente antiguo….De historias raras y paradójicas....Poco después de la caminata, ya me encontraba en el camposanto.

Ahí estaba Benjamín, el viejo guardián sepulturero. Igual como todos los años, de cabellos sucios, poco dientes y ropa con remiendos….Solo su noble corazón no lo tenía descosido.
Me acompañó hasta la tumba, con sus pasos lentos, ya habían flores en aquellos floreros…Le pregunte; ¿Quién había venido?...A lo lejos se escuchaba un lloriqueo, nunca llegue a ver a nadie…. ¡Nadie había ido al camposanto!...Aquella incertidumbre
se cubría en turbación, mientras que el anciano sacaba de su bolsillo remendado un sucio pañuelo para secarse el sudor, de su agitada fiebre. Minutos breves se escucha
el aullido de sus perros, dos mastines españoles, parecían nerviosos y asustados. Aquel anciano no pronunció palabras, se dio media vuelta y se fue.

Cada vez se hacía pertinaz aquel aullar….Ya mi cuerpo empieza a rociarle esas gotas de pesadumbre y apuró mis pasos para irme, el frío y los grises venideros de la noche, me anticipan….Miraba hacia el cielo, aquel vendaval de tormentas se venía venir. Apresuré más mis pasos, caminaba más la oscuridad y el mismo viento espeluznante que a la vez dispersaba tantas hojas en mis zapatos.

Las primeras gotas escarchadas empezaban a caer y las luces de los relámpagos agudizaban más el momento….Corrí para salvarme de aquel invierno entrante y un viento temible, cerró el portón del camposanto… ¡Sentí pánico! Pensé correr hasta la buhardilla de Benjamín eche un vistazo, todo era oscuro y tenebroso…Solo podía oír aquellos aullidos perros… ¡Creo que mi corazón se paralizó! De repente reanudo la acción y logró atinar que en mi bolso llevó siempre la manivela de la puerta, de la casa vieja de mis abuelos. La saqué, trate de abrir y probar con ella… Cuando siento una mano y un aliento hermético detrás de mí….Jo,…De nuevo me paralizó por completo, aquellos gritos fueron aterradores....Escasos segundos, enseguida noté que eran los dedos amarillentos de las manos de Benjamín.

Me abrió el portón, corrí como un venado sin aliento y sin mirar para ningún lado, solo quería llegar a la vieja alquería. Recuerdo que subí al ático con una taza de chocolate bien caliente y desde aquella ventanilla fui viendo aquel vendaval, parecía el propio temporal en su ruptura. La naturaleza se veía brumosa…Los arboles caerse, los perros corriendo buscando resguardo, cuantos despojos cargaba el río….

A la mañana siguiente, fui a darle las gracias al Sr Benjamín y a darle el pago de su mantenimiento…Pero se aciago un fatal desenlace…. ¡Cual será mi sorpresa! El río se llevo todo…Se inundo cualquier camino….Aquel invierno saqueo hasta las tumbas…Solo quedó aquel portón, Jamás se pudo encontrar el cuerpo del sepulturero y sus dos mastines…Solo las dos lápidas de mis abuelos.

Años después fui a visitar la aldea de mis abuelos y a dejar unas flores en aquellos caminos…Convertido hoy en día, en un parador de rezos. Pase llorando, pues fui la última persona en visitarlo, momento más tarde…Empecé a escuchar aquellos aullidos de mastines. ¡No pude evitar el escalofrío!..Aquel temblor cubrió mi cuerpo, cuando vi que Benjamín me abría la puerta.

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Marisol una escalofriante prosa con un final incierto.
Me gusto mucho y.....cuidadito....je, je, je, je.
[FONT=&quot]Tienes algunas cositas que tendrías que corregir, pero la idea es especial y atrae.
Un abrazote de tu amigo Español José Manuel.
 
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Benjamín, el sepulturero.


Había llovido la noche entera, tempestades furiosas caían. Como si el viento presagiaba
algo adverso. Aquel invierno halo una fuerza tan nefasta… ¡Yo diría que hasta profanadora!

Remontaré por un instante, aquellas imágenes que aún se mantienen congeladas en mi memoria y cerraré en unas efímeras formas, mi momento y aquella historia del sepulturero.

La brisa fría de esa tarde de otoño, bordó un surco de recuerdos, el sombrío tinte de la tarde, fue opacando sus matices lentamente. Era el día de los muertos, siempre como de costumbre, iba a visitar la tumba de mis abuelos y aprovechaba para quedarme unos días de respiro en aquella alquería. Cruce aquel puente antiguo….De historias raras y paradójicas....Poco después de la caminata, ya me encontraba en el camposanto.

Ahí estaba Benjamín, el viejo guardián sepulturero. Igual como todos los años, de cabellos sucios, poco dientes y ropa con remiendos….Solo su noble corazón no lo tenía descosido.
Me acompañó hasta la tumba, con sus pasos lentos, ya habían flores en aquellos floreros…Le pregunte; ¿Quién había venido?...A lo lejos se escuchaba un lloriqueo, nunca llegue a ver a nadie…. ¡Nadie había ido al camposanto!...Aquella incertidumbre
se cubría en turbación, mientras que el anciano sacaba de su bolsillo remendado un sucio pañuelo para secarse el sudor, de su agitada fiebre. Minutos breves se escucha
el aullido de sus perros, dos mastines españoles, parecían nerviosos y asustados. Aquel anciano no pronunció palabras, se dio media vuelta y se fue.

Cada vez se hacía pertinaz aquel aullar….Ya mi cuerpo empieza a rociarle esas gotas de pesadumbre y apuró mis pasos para irme, el frío y los grises venideros de la noche, me anticipan….Miraba hacia el cielo, aquel vendaval de tormentas se venía venir. Apresuré más mis pasos, caminaba más la oscuridad y el mismo viento espeluznante que a la vez dispersaba tantas hojas en mis zapatos.

Las primeras gotas escarchadas empezaban a caer y las luces de los relámpagos agudizaban más el momento….Corrí para salvarme de aquel invierno entrante y un viento temible, cerró el portón del camposanto… ¡Sentí pánico! Pensé correr hasta la buhardilla de Benjamín eche un vistazo, todo era oscuro y tenebroso…Solo podía oír aquellos aullidos perros… ¡Creo que mi corazón se paralizó! De repente reanudo la acción y logró atinar que en mi bolso llevó siempre la manivela de la puerta, de la casa vieja de mis abuelos. La saqué, trate de abrir y probar con ella… Cuando siento una mano y un aliento hermético detrás de mí….Jo,…De nuevo me paralizó por completo, aquellos gritos fueron aterradores....Escasos segundos, enseguida noté que eran los dedos amarillentos de las manos de Benjamín.

Me abrió el portón, corrí como un venado sin aliento y sin mirar para ningún lado, solo quería llegar a la vieja alquería. Recuerdo que subí al ático con una taza de chocolate bien caliente y desde aquella ventanilla fui viendo aquel vendaval, parecía el propio temporal en su ruptura. La naturaleza se veía brumosa…Los arboles caerse, los perros corriendo buscando resguardo, cuantos despojos cargaba el río….

A la mañana siguiente, fui a darle las gracias al Sr Benjamín y a darle el pago de su mantenimiento…Pero se aciago un fatal desenlace…. ¡Cual será mi sorpresa! El río se llevo todo…Se inundo cualquier camino….Aquel invierno saqueo hasta las tumbas…Solo quedó aquel portón, Jamás se pudo encontrar el cuerpo del sepulturero y sus dos mastines…Solo las dos lápidas de mis abuelos.

Años después fui a visitar la aldea de mis abuelos y a dejar unas flores en aquellos caminos…Convertido hoy en día, en un parador de rezos. Pase llorando, pues fui la última persona en visitarlo, momento más tarde…Empecé a escuchar aquellos aullidos de mastines. ¡No pude evitar el escalofrío!..Aquel temblor cubrió mi cuerpo, cuando vi que Benjamín me abría la puerta.

SOL.

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Genial cuento mi querida Marisol, muy interesanta, y con ese maravilloso y sorprendente final, ¡ si parece que lo hubiese escrito yo, con ese muerto volviendo del más allá para abrir la puerta quizás de la muerte.
Un relato muy bien logrado.
Perdona la atrdamza en responder a tu invitación, pero es que he estado bastante liado.
Un abrazo y todas las estrellas para ti querida amiga, junto con merecida reputación.
 
¡Hola Marisol!

Primero que todo felicitarte por esa excelente narración, muy bien estructurada con mucha coherencia, donde se encuentran los tres ingredientes esenciales de toda buena prosa con un final aunque no muy sorprendente, ya que es casi una consecuencia lógica del vendaval que se produjo, teniendo en cuenta que en esos lugares las construcciones no son muy estables además de estar normalmente construidas en lugares de altísimo riesgo, pero sí un final acorde con el relato; aunque yo pensé que ibas a salir con que el sepulturero se había muerto varios años atrás; no me produjo tanta miedo, más bien lo que me ha emocionado ha sido la forma como la has narrado con mucha imaginación y muy descriptiva.

Mis felicitaciones.

Sigifredo
 
Qué notable que está ! Cuando me dijiste pensé que era un poema, pero de verdad que me encantó como moldeas y consumas la prosa, es sublime !

Saludos cordiales !
 

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