Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
I
¡Ay! el corazón añejo
prendió su llama,
fuego tenue,
otoño de la boca,
paloma descuidada
entre las manos.
II
Sé de la
sordidez del beso y
de la pereza
de las bocas
sin la aurora sexual
que enciende la lengua,
beso sin palpitación,
carne resentida del ayuno,
deseos que son desierto,
besos congelados.
¡Ay! el corazón añejo
prendió su llama,
fuego tenue,
otoño de la boca,
paloma descuidada
entre las manos.
II
Sé de la
sordidez del beso y
de la pereza
de las bocas
sin la aurora sexual
que enciende la lengua,
beso sin palpitación,
carne resentida del ayuno,
deseos que son desierto,
besos congelados.
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