Pablo Alonso
Poeta asiduo al portal
De siete colores preciosos,
en el cielo dibujado a pinceladas,
de un reflejo de agua que alegra los ojos
el camino oscilante que ante mí se levanta.
Ruta de vida, sendero de calma;
senda perfecta que Heimdall aguarda;
esta vía dibujada por la tenue luz del alba
que prepara mi alma para la última batalla.
Corriendo o caminando subiré con alegría,
satisfecho de lo dado, de lo entregado en el Midgard
con secuelas en los pies por las guerras de cada día
la eternidad momentánea me dará la bienvenida.
Oh puente sagrado que dibuja una línea,
bien y mal se separan, odio y amor se apartan;
frontera de largos pasos donde la esperanza se desliza
con colores sempiternos que a la agonía me arrastran.
He llegado de muy lejos y cansado por el viaje,
tengo agobiadas las manos y el corazón agostado;
caminé con confianza apreciando el paisaje
que se ve entre la divinidad y el mundo creado.
Y más allá de este arcoíris, de esta ruta solitaria,
que solo pisan los dioses con zapatos de temor,
solo aguardó el sonido del Gjallarhorn y su melodiosa plegaria
que indica el fin de todo, que da inicio al terror.
en el cielo dibujado a pinceladas,
de un reflejo de agua que alegra los ojos
el camino oscilante que ante mí se levanta.
Ruta de vida, sendero de calma;
senda perfecta que Heimdall aguarda;
esta vía dibujada por la tenue luz del alba
que prepara mi alma para la última batalla.
Corriendo o caminando subiré con alegría,
satisfecho de lo dado, de lo entregado en el Midgard
con secuelas en los pies por las guerras de cada día
la eternidad momentánea me dará la bienvenida.
Oh puente sagrado que dibuja una línea,
bien y mal se separan, odio y amor se apartan;
frontera de largos pasos donde la esperanza se desliza
con colores sempiternos que a la agonía me arrastran.
He llegado de muy lejos y cansado por el viaje,
tengo agobiadas las manos y el corazón agostado;
caminé con confianza apreciando el paisaje
que se ve entre la divinidad y el mundo creado.
Y más allá de este arcoíris, de esta ruta solitaria,
que solo pisan los dioses con zapatos de temor,
solo aguardó el sonido del Gjallarhorn y su melodiosa plegaria
que indica el fin de todo, que da inicio al terror.