Martín Renán
Poeta adicto al portal
Desterrado.
El cuerpo de sacrificios
como estigma: en la mesa el forastero
come
el pan nuestro de otro día;
por la ventana
—a medio abrir—
una oración huye llena de remordimientos.
¿Quién no extrajo un milagro aprehendido en un verso?
Qué nostalgia
da para más, por lo menos
una vez al día;
qué máscara finge no emular al héroe,
inspiración suicida
cuando miente nocturnal.
El derrotero antidepresivo,
maquillaje de la vida: efecto placebo,
neurosis de la carne.
Los pensamientos, extrañamente (se entreabren) en otros más oscuros.
Aquí,
de fábula el paraíso existe;
no hay éxodo
—de 9 días— a la luna
y volver
no te lleva a otro infierno conocido;
del pecado más inocente
ni la culpa de otro santo
escupe cicatriz como emblema.
Por equivocación,
acuñar la palabra resurrección encarnado en un beso.