Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
BLANCOS CITADINOS
El mediodía escupe vocablos malquerientes.
Las urbes cumplen la amenaza: el anuncio de castigo.
Un gentío de errabundos solicita sus cubiles,
los andenes para la cotidianidad y el desencanto;
escándalos y jugueteos torpes entre ellos
a nadie abochornan ni mancillan.
¿Por qué temer ahora las desavenencias
que atentan contra el sigilo de los templos, sus osamentas,
y pellizcan ambiciosas los anhelos de morbo del vecino?
Votiva necesidad:
Ser la estratégica rendija que servirá de trinchera o atalaya,
desde allí disparar inútiles flechas,
balas que liberen los instantes.
Al centro, el bullicio, la gleba,
su vórtice aterroriza con tambores y martillos
con bestiarios que de alguna manera embestirán
el devenir o la gloria postrera .
No somos denso polvo, ni gránulos ni gases
para llegar moribundos al ocaso,
apenas blancos premonitorios
en un juego dúctil de armerías.
El mediodía escupe vocablos malquerientes.
Las urbes cumplen la amenaza: el anuncio de castigo.
Un gentío de errabundos solicita sus cubiles,
los andenes para la cotidianidad y el desencanto;
escándalos y jugueteos torpes entre ellos
a nadie abochornan ni mancillan.
¿Por qué temer ahora las desavenencias
que atentan contra el sigilo de los templos, sus osamentas,
y pellizcan ambiciosas los anhelos de morbo del vecino?
Votiva necesidad:
Ser la estratégica rendija que servirá de trinchera o atalaya,
desde allí disparar inútiles flechas,
balas que liberen los instantes.
Al centro, el bullicio, la gleba,
su vórtice aterroriza con tambores y martillos
con bestiarios que de alguna manera embestirán
el devenir o la gloria postrera .
No somos denso polvo, ni gránulos ni gases
para llegar moribundos al ocaso,
apenas blancos premonitorios
en un juego dúctil de armerías.
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