Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
BLANCOS DE FLECHA
El mediodía unta silabas al aire.
Es verdad este silencio de broqueles
en que se hunde un desierto de botellas
en medio de la hora,
con miradas curvas que son de nadie.
¿Por qué temer ahora los labios
que consumen los cirios
y descubren temerosos los sigilos?
Votiva necesidad de ser una extraña puerta
que ha de servir de trinchera o de atalaya,
desde allí disparar osadas veletas,
flechas que circunciden el instante.
Al centro del miedo,
de la palabra sortilegio,
el tiempo terrible asusta
con astadas y escafandras,
con garfios que de alguna manera serán
el devenir o la gloria postrera .
No somos denso polvo, ni granos,
para llegar moribundos al ocaso.
El mediodía unta silabas al aire.
Es verdad este silencio de broqueles
en que se hunde un desierto de botellas
en medio de la hora,
con miradas curvas que son de nadie.
¿Por qué temer ahora los labios
que consumen los cirios
y descubren temerosos los sigilos?
Votiva necesidad de ser una extraña puerta
que ha de servir de trinchera o de atalaya,
desde allí disparar osadas veletas,
flechas que circunciden el instante.
Al centro del miedo,
de la palabra sortilegio,
el tiempo terrible asusta
con astadas y escafandras,
con garfios que de alguna manera serán
el devenir o la gloria postrera .
No somos denso polvo, ni granos,
para llegar moribundos al ocaso.
Última edición: