danielpianini
Poeta recién llegado
Paz y un sueño, dos palabras que yacen en mi mente;
me acostumbré a estar rodeado de flores, ahora caí sobre ellas.
Un canto y un silbido retumba en las paredes de este cuarto,
un color áspero e insípido como el cemento, golpean mis ojos al fin por descubrir.
El sonido que emite mi voz, es el silencio de mi llanto,
es el canto del petirrojo y la golondrina,
es el silbido del cenzontle y del muérdago,
es la tonada del mar y del desierto.
El niño que lloraba, ahora sólo mira y juzga,
una Estela de Luz lo acompaña,
Lo hace más sereno y silencioso,
lo hace volar, lo hace callar.
¡Qué silencio hay en cuatro paredes!
¡Qué ruido hay dentro de ellas!
¡Qué miedo alberga la soledad!
y que increíble es la voz que grita al mar.
¡No quiero sentir esto de nuevo!
la calma y la soledad no son lo mío,
pero ahora me acompañan
y tienen mejor conversación que yo en siglos.
¿Quién soy yo para callar sus conversaciones?
Que mis palabras no vayan más allá,
qué mis acciones no decidan lo que hay dentro de cuatro muros,
y la rosa no crezca donde murió el ruiseñor.
Sólo me quedo escuchando el teclear del silencio,
el chasquido de la lluvia en abril,
el llanto de los perros a lo lejos
y un silencio que se ríe de mi.
___________________________________________________________________________________
Dedicado este primer poema a la poeta Samsahara
me acostumbré a estar rodeado de flores, ahora caí sobre ellas.
Un canto y un silbido retumba en las paredes de este cuarto,
un color áspero e insípido como el cemento, golpean mis ojos al fin por descubrir.
El sonido que emite mi voz, es el silencio de mi llanto,
es el canto del petirrojo y la golondrina,
es el silbido del cenzontle y del muérdago,
es la tonada del mar y del desierto.
El niño que lloraba, ahora sólo mira y juzga,
una Estela de Luz lo acompaña,
Lo hace más sereno y silencioso,
lo hace volar, lo hace callar.
¡Qué silencio hay en cuatro paredes!
¡Qué ruido hay dentro de ellas!
¡Qué miedo alberga la soledad!
y que increíble es la voz que grita al mar.
¡No quiero sentir esto de nuevo!
la calma y la soledad no son lo mío,
pero ahora me acompañan
y tienen mejor conversación que yo en siglos.
¿Quién soy yo para callar sus conversaciones?
Que mis palabras no vayan más allá,
qué mis acciones no decidan lo que hay dentro de cuatro muros,
y la rosa no crezca donde murió el ruiseñor.
Sólo me quedo escuchando el teclear del silencio,
el chasquido de la lluvia en abril,
el llanto de los perros a lo lejos
y un silencio que se ríe de mi.
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Dedicado este primer poema a la poeta Samsahara
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