Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
BODEGÓN CON ALACENAS
Las alacenas sostienen el tiempo acumulado en los rincones.
En otra música alguien habla a un niño inocente
de aquella prolijidad abandonada para el ayer,
desvestida para cualquier despedida frente a la estación del miedo
porque llegan desde ayer las noticias por la fiesta logrera del pasado.
Despidos, siempre los despidos,
guardarropas sostienen a medias la ingratitud del polvo
que eyacula sus ojerizas
al fragor de los zapatos cansados con los pasos,
extravío de intemperies.
La senectud de las libélulas muy pronto será polilla
agujereando los recuerdos.
Lo que debe dejarse tácito ha de resurgir
para quien venga
a los territorios tántricos del cuerpo.
La verja y su espejo difuminan las certezas,
años de un polvo incircunciso
mutándose a la venia de su espera.
Las alacenas sostienen el tiempo acumulado en los rincones.
En otra música alguien habla a un niño inocente
de aquella prolijidad abandonada para el ayer,
desvestida para cualquier despedida frente a la estación del miedo
porque llegan desde ayer las noticias por la fiesta logrera del pasado.
Despidos, siempre los despidos,
guardarropas sostienen a medias la ingratitud del polvo
que eyacula sus ojerizas
al fragor de los zapatos cansados con los pasos,
extravío de intemperies.
La senectud de las libélulas muy pronto será polilla
agujereando los recuerdos.
Lo que debe dejarse tácito ha de resurgir
para quien venga
a los territorios tántricos del cuerpo.
La verja y su espejo difuminan las certezas,
años de un polvo incircunciso
mutándose a la venia de su espera.
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