Boleto picado

Cris Cam

Poeta adicto al portal
Boleto picado

Me despedí de esa estación.
El silbato aturdió a una paloma.
Los pájaros en sus nidos de vitró.
La Bagley con su aroma a galletita crocante.
Monte de Oca me trae unos ojos verdes.

No sé adónde voy.
Subirse en un vagón de muerte vencida.
soplarse el pecho de olvidos perimidos.
El corazón falla de juntas abiertas.
No, no quiero un peine.

Aceite poluído de sirenas mexicanas.
Un puente de Quinquela.
Un estadio de éxtasis diabólica.
Ojos dormidos.
Chicos sucios,
zapatillas de nada,
cigarrillo temprano.

Piel ardida de carpos dormidos.
¿Dónde empieza la noche?
¿Porque los puentes no saludan a los aviones?
¿Existirán razones para el pasto debajo de los durmientes?
¿Estaré lo suficientemente tonto para dejar de amarte?

O vIceversa.
Como la locomotora que viaja sola en busca de sus pollitos.

Tocarme tres veces el hombro.
Justo cuando estaba ensayando una amnesia.

¿Que le interesará al hombre gris,
que no estuviera babeando por la bombachita azul?
Tengo cosas más importantes en que pensar.
Rezando una penitencia de ostracismo.

Las lagunas se alimentan de las lágrimas de los ángeles.
Una vaca me saluda antes de su despedida,
yo que la amé ese momento,
quizá mañana me la coma.

Que sabe la niña de enfrente,
porque un hombre llora
con la frente apoyada en la ventanilla.

He visto duendes escondidos en los matorrales.
Les pregunté sobre las preguntas a mis repuestas.
Giraron sus dedos alrededor de sus sienes.

Tienen razón, tanta razón.
Tantas respuestas y no saber,
desde cuando estoy muerto.

Que largo es este camino.
De pronto se esfumaron los rieles.
Esta haciendo tanto calor.
 
Boleto picado

Me despedí de esa estación.
El silbato aturdió a una paloma.
Los pájaros en sus nidos de vitró.
La Bagley con su aroma a galletita crocante.
Monte de Oca me trae unos ojos verdes.

No sé adónde voy.
Subirse en un vagón de muerte vencida.
soplarse el pecho de olvidos perimidos.
El corazón falla de juntas abiertas.
No, no quiero un peine.

Aceite poluído de sirenas mexicanas.
Un puente de Quinquela.
Un estadio de éxtasis diabólica.
Ojos dormidos.
Chicos sucios,
zapatillas de nada,
cigarrillo temprano.

Piel ardida de carpos dormidos.
¿Dónde empieza la noche?
¿Porque los puentes no saludan a los aviones?
¿Existirán razones para el pasto debajo de los durmientes?
¿Estaré lo suficientemente tonto para dejar de amarte?

O vIceversa.
Como la locomotora que viaja sola en busca de sus pollitos.

Tocarme tres veces el hombro.
Justo cuando estaba ensayando una amnesia.

¿Que le interesará al hombre gris,
que no estuviera babeando por la bombachita azul?
Tengo cosas más importantes en que pensar.
Rezando una penitencia de ostracismo.

Las lagunas se alimentan de las lágrimas de los ángeles.
Una vaca me saluda antes de su despedida,
yo que la amé ese momento,
quizá mañana me la coma.

Que sabe la niña de enfrente,
porque un hombre llora
con la frente apoyada en la ventanilla.

He visto duendes escondidos en los matorrales.
Les pregunté sobre las preguntas a mis repuestas.
Giraron sus dedos alrededor de sus sienes.

Tienen razón, tanta razón.
Tantas respuestas y no saber,
desde cuando estoy muerto.

Que largo es este camino.
De pronto se esfumaron los rieles.
Esta haciendo tanto calor.
Ay como duelen las despedidas...
un placer de nuevo, saludos.
 

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