jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
qué jodido resulta
llegar a estas alturas y encontrarse
con que no tiene uno nada
para pasar las noches que no sea
una triste botella de alcohol, un corazón golpeado
el manto de la soledad para abrigarse
en el invierno de la vida, y saber
lo patético que suena cuando escribes
cosas como esta, lo ridículo que se oye y sin embargo
escribirlo porque estás borracho y justo ahora
la medicina misteriosa surte su mejor efecto
una tenue lucecita parece brillar allá lejos
al fondo de la espesa oscuridad, un recuerdo vago
se despierta suavemente y remonta los años
vuelves a oír la voz aquella "nunca me iré de tu lado" y casi jurarías
que si extiendes el brazo podrías tocar
no la fría y áspera manta que cubre el camastro, no el vacío
cortante como cuchilla de afeitar que te envuelve,
sino la aquiescente piel, el cálido refugio
de un milagro que ya no ocurrirá de nuevo
.
llegar a estas alturas y encontrarse
con que no tiene uno nada
para pasar las noches que no sea
una triste botella de alcohol, un corazón golpeado
el manto de la soledad para abrigarse
en el invierno de la vida, y saber
lo patético que suena cuando escribes
cosas como esta, lo ridículo que se oye y sin embargo
escribirlo porque estás borracho y justo ahora
la medicina misteriosa surte su mejor efecto
una tenue lucecita parece brillar allá lejos
al fondo de la espesa oscuridad, un recuerdo vago
se despierta suavemente y remonta los años
vuelves a oír la voz aquella "nunca me iré de tu lado" y casi jurarías
que si extiendes el brazo podrías tocar
no la fría y áspera manta que cubre el camastro, no el vacío
cortante como cuchilla de afeitar que te envuelve,
sino la aquiescente piel, el cálido refugio
de un milagro que ya no ocurrirá de nuevo
.
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