Briago y figura hasta la sepultura

Rosendo

Poeta adicto al portal
Yacía sobre el lecho moribundo
aquel borracho consuetudinario,
y acudió su mujer hasta el santuario
para llamar al padre Segismundo.

Llegó el cura hasta el lecho en un segundo
y levantó una cruz con un rosario;
y con ella, entre rezos, el vicario
persignaba al agónico Facundo.


Y cuando entre sus labios la posaba
para el beso final de la oración,
aquel agonizante susurraba

pensando que la cruz era un porrón,
diciendo al cura que lo santiguaba:
Ya quítale, por Dios, ese tapón.


 

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