rafael tato
Poeta fiel al portal
En la vertical y ahuecada soledad de las rejas
bajo la umbría nefasta de la noche,
tres presidiarios sin sentir odios ni reproches
bebían el agrio vino fermentado por sus penas.
Sobre sus ojos empañados de sudor y lágrimas
entristecido el firmamento arrullaba sus quejas,
quejas que parecían más penas lánguidas
agonizando sin posibilidad en el averno de sus ideas.
Hacía frío...Un frío intenso casi helado a esa hora,
ese frío propio de los abandonados cementerios,
ellos bebían y no sabían si querer desear la aurora
o embriagar sus cuerpos y almas para sentirse muertos.
Hubo un momento que se rompió el silencio
por una voz melancólica, suave...Pero muy segura,
era la voz de Enrique que queriendo imponer su ejemplo,
alzó su copa de vino y brindó de buena forma y cultura:
¡Brindo! – exclamó -
Por todo hombre que se encuentra entre rejas.
por el más humilde...Olvidado...Y acéfalo ser,
por esas lágrimas que en ristre sustentan su pena,
por sus sueños muertos...¡Que nunca habrán de florecer!
¡Brindo!
Por los delincuentes y criminales que se tragan solos
las repetidas huellas de sus soledades y desprecios,
por sus hijos sorprendidos ahogados en dolores y abrojos,
por sus nazarenas madres deportadas de los sueños.
¡Bebo este vino...!
Por las esposas que se prostituyen sin ninguna oportunidad,
las que sienten hambre de amor comprensión y misericordia,
por sus miradas muertas a la luz,a la vida, a la realidad...
Por el fantasmal y oscuro argumentos de sus historias.
En fin compañeros...
Ojalá este brindis como el sol se haga eterno en el cielo
para que ilumine la conciencia de todos los seres humanos,
para que al fin reine sobre la injusticia el derecho
¡Y nunca en los estrados judiciales existan jueces tiranos!
¡Bravo! ¡Bravo! amigo...
-Irrumpió emocionado Fernando-
reflejándose en sus mejillas
las perlas nacaradas de su tragedia..
Yo también quisiera con sentimiento de ironía y llanto
expresar en un brindis lo que a mi corazón tanto le aqueja:
¡Brindo!
Por aquellos policías que golpean torturan y matan,
por los que nunca emanan una palabra de esperanza,
por esos que se olvidan que son hijos y tienen mamá,
por ellos que aún no entienden que son ¡De cuerpo y alma!
¡Brindo! Por mis amigos que decían quererme tanto,
por su actitud ingrata que evoca falsos acuerdos,
por los que se deleitan digiriendo mi propio quebranto,
por todos esos amigos que con cariño ¡Aún los recuerdo!
Y en especial ¡Brindo por ti Enrique...Y por ti Maximiliano!
por esta honda pena que nos está matando,
por mis sueños truncos persiguiendo las estrellas
en este pávido rostro ¡De mi cielo raso!
Terminó Fernando su brindis y reinó un silencio santo
acompañado de reflexión...De pesar...De impotencia...
Y fue la voz de Maximiliano que con sublime encanto
inspiraba en un brindis el más hermoso de los poemas:
Brindar – dijo -
Es desenvainar la espada que llevamos guardada en el alma
para hacerla vencer en la batalla de los deseos,
es acogerse al inmensurable mundo de las palabras,
es rezar con alegría y llanto nuestro propio credo.
Brindar,
es inmolarse en versos de amor y sentimiento
bajo una tierna bandada de ilusiones blancas,
es buscar acallar con un grito de dolor el sufrimiento,
es poder disfrutar la anisada esencia de la esperanza.
Por eso – continuó -
Quiero brindar con el debido respeto y el permiso de ustedes,
cuyos brindis de justicia abren las ágiles puertas de la razón,
para expresar después de tantos años si aquí se puede
el más sincero y justo brindis que escondo en mi corazón:
¡Oh! madre mía, yo no soy digno de alzar esta copa
ni de pronunciar siquiera tu dulce nombre santo,
yo sepulté tu alegría y sembré en ti la maligna roya
de esta pena mía que poco a poco...¡Nos está matando!
Aún así,
brindo por ti y por todos aquellos que tienen que ver conmigo,
por los que llevan mi sangre por los que por mí han sufrido,
por el dolor de sus entrañas y de sus dientes el rasguido
de sentir la triste agonía de ver sufrir a un ser querido...
¡Brindo!
por las prematuras ilusiones que me causan alegría
y me hacen olvidar la fosa hambrienta que me espera,
por los sueños gravitantes de mi diaria fantasía
que refrescan sutilmente el jardín de mis quimeras.
¡Brindo! - Inspiró -
Por esta noche testigo de nuestra lealtad,
por su sereno rico en acordes de violines y acordeones,
porque nuestros sueños inspiren versos de amor y libertad
y nuestras lágrimas sean esquirlas refrescantes de ilusiones.
Así mismo...
He de brindar por los años que me esperan en esta celda,
por sus horas silenciosas vigilantes de mi tristeza,
por el arrullo incondicional de mi tranquila conciencia
y el recuerdo imborrable amada mía ¡De tu inefable belleza!
Para terminar queridos amigos...
Quisiera brindar por el grito más íntimo de nuestro sentimiento
para que nos fortalezca como el hierro de nuestras rejas,
y para que este brindis alcance la dimensión del universo
junto a la eterna paz y belleza del sol, la luna y las ¡Estrellas!
¡Salud amigo!
¡Salud compañeros!
¡Salud carajo!
La noche cerraba sus ojos,
Ya el sol despuntaba con su divino encanto...
Su luz como un sueño real y luminoso,
cubría con rayos de esperanza y vida...
Al hacinado penal de ¡Lurigancho!
Tato Ospina
DRA
Colombia
bajo la umbría nefasta de la noche,
tres presidiarios sin sentir odios ni reproches
bebían el agrio vino fermentado por sus penas.
Sobre sus ojos empañados de sudor y lágrimas
entristecido el firmamento arrullaba sus quejas,
quejas que parecían más penas lánguidas
agonizando sin posibilidad en el averno de sus ideas.
Hacía frío...Un frío intenso casi helado a esa hora,
ese frío propio de los abandonados cementerios,
ellos bebían y no sabían si querer desear la aurora
o embriagar sus cuerpos y almas para sentirse muertos.
Hubo un momento que se rompió el silencio
por una voz melancólica, suave...Pero muy segura,
era la voz de Enrique que queriendo imponer su ejemplo,
alzó su copa de vino y brindó de buena forma y cultura:
¡Brindo! – exclamó -
Por todo hombre que se encuentra entre rejas.
por el más humilde...Olvidado...Y acéfalo ser,
por esas lágrimas que en ristre sustentan su pena,
por sus sueños muertos...¡Que nunca habrán de florecer!
¡Brindo!
Por los delincuentes y criminales que se tragan solos
las repetidas huellas de sus soledades y desprecios,
por sus hijos sorprendidos ahogados en dolores y abrojos,
por sus nazarenas madres deportadas de los sueños.
¡Bebo este vino...!
Por las esposas que se prostituyen sin ninguna oportunidad,
las que sienten hambre de amor comprensión y misericordia,
por sus miradas muertas a la luz,a la vida, a la realidad...
Por el fantasmal y oscuro argumentos de sus historias.
En fin compañeros...
Ojalá este brindis como el sol se haga eterno en el cielo
para que ilumine la conciencia de todos los seres humanos,
para que al fin reine sobre la injusticia el derecho
¡Y nunca en los estrados judiciales existan jueces tiranos!
¡Bravo! ¡Bravo! amigo...
-Irrumpió emocionado Fernando-
reflejándose en sus mejillas
las perlas nacaradas de su tragedia..
Yo también quisiera con sentimiento de ironía y llanto
expresar en un brindis lo que a mi corazón tanto le aqueja:
¡Brindo!
Por aquellos policías que golpean torturan y matan,
por los que nunca emanan una palabra de esperanza,
por esos que se olvidan que son hijos y tienen mamá,
por ellos que aún no entienden que son ¡De cuerpo y alma!
¡Brindo! Por mis amigos que decían quererme tanto,
por su actitud ingrata que evoca falsos acuerdos,
por los que se deleitan digiriendo mi propio quebranto,
por todos esos amigos que con cariño ¡Aún los recuerdo!
Y en especial ¡Brindo por ti Enrique...Y por ti Maximiliano!
por esta honda pena que nos está matando,
por mis sueños truncos persiguiendo las estrellas
en este pávido rostro ¡De mi cielo raso!
Terminó Fernando su brindis y reinó un silencio santo
acompañado de reflexión...De pesar...De impotencia...
Y fue la voz de Maximiliano que con sublime encanto
inspiraba en un brindis el más hermoso de los poemas:
Brindar – dijo -
Es desenvainar la espada que llevamos guardada en el alma
para hacerla vencer en la batalla de los deseos,
es acogerse al inmensurable mundo de las palabras,
es rezar con alegría y llanto nuestro propio credo.
Brindar,
es inmolarse en versos de amor y sentimiento
bajo una tierna bandada de ilusiones blancas,
es buscar acallar con un grito de dolor el sufrimiento,
es poder disfrutar la anisada esencia de la esperanza.
Por eso – continuó -
Quiero brindar con el debido respeto y el permiso de ustedes,
cuyos brindis de justicia abren las ágiles puertas de la razón,
para expresar después de tantos años si aquí se puede
el más sincero y justo brindis que escondo en mi corazón:
¡Oh! madre mía, yo no soy digno de alzar esta copa
ni de pronunciar siquiera tu dulce nombre santo,
yo sepulté tu alegría y sembré en ti la maligna roya
de esta pena mía que poco a poco...¡Nos está matando!
Aún así,
brindo por ti y por todos aquellos que tienen que ver conmigo,
por los que llevan mi sangre por los que por mí han sufrido,
por el dolor de sus entrañas y de sus dientes el rasguido
de sentir la triste agonía de ver sufrir a un ser querido...
¡Brindo!
por las prematuras ilusiones que me causan alegría
y me hacen olvidar la fosa hambrienta que me espera,
por los sueños gravitantes de mi diaria fantasía
que refrescan sutilmente el jardín de mis quimeras.
¡Brindo! - Inspiró -
Por esta noche testigo de nuestra lealtad,
por su sereno rico en acordes de violines y acordeones,
porque nuestros sueños inspiren versos de amor y libertad
y nuestras lágrimas sean esquirlas refrescantes de ilusiones.
Así mismo...
He de brindar por los años que me esperan en esta celda,
por sus horas silenciosas vigilantes de mi tristeza,
por el arrullo incondicional de mi tranquila conciencia
y el recuerdo imborrable amada mía ¡De tu inefable belleza!
Para terminar queridos amigos...
Quisiera brindar por el grito más íntimo de nuestro sentimiento
para que nos fortalezca como el hierro de nuestras rejas,
y para que este brindis alcance la dimensión del universo
junto a la eterna paz y belleza del sol, la luna y las ¡Estrellas!
¡Salud amigo!
¡Salud compañeros!
¡Salud carajo!
La noche cerraba sus ojos,
Ya el sol despuntaba con su divino encanto...
Su luz como un sueño real y luminoso,
cubría con rayos de esperanza y vida...
Al hacinado penal de ¡Lurigancho!
Tato Ospina
DRA
Colombia
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