Aguila Albina.
Poeta recién llegado
¿Qué puede atrapar la brisa,
si volar al infinito puede sin dificultad?
Y si ningún deseo abriga,
¿Qué podrá anular su liberta facultad?
Cuando no hay fuerza que la obliga
ella tan solo disfruta: la transitoriedad.
A veces apacible, otras a prisa
sopla un momento y luego nulidad,
solo la levedad le implica,
desconoce el apego y la materialidad.
Y aun así ella anda presa
buscando apaciguar su frialdad,
en mejillas que constante besa
añorando la corporalidad,
y los pómulos donde se pliega
fluyendo con regularidad.
¿Por qué ya no vuelas ciega,
sin propósito y en entera libertad?
Tú brisa, que no eres quieta
has abandonado la trascendentalidad.
Encarnada en mí la brisa
ha adquirido sustancia y carnalidad,
y a un cuerpo asida
aborrece ahora la vacuidad,
pues de mi tacto necesita
para cartografiar la feminidad,
y la piel tímida
por la que relegó la divinidad,
a favor de la mujer de tez albina
que a la brisa, arrebato su sobriedad.
si volar al infinito puede sin dificultad?
Y si ningún deseo abriga,
¿Qué podrá anular su liberta facultad?
Cuando no hay fuerza que la obliga
ella tan solo disfruta: la transitoriedad.
A veces apacible, otras a prisa
sopla un momento y luego nulidad,
solo la levedad le implica,
desconoce el apego y la materialidad.
Y aun así ella anda presa
buscando apaciguar su frialdad,
en mejillas que constante besa
añorando la corporalidad,
y los pómulos donde se pliega
fluyendo con regularidad.
¿Por qué ya no vuelas ciega,
sin propósito y en entera libertad?
Tú brisa, que no eres quieta
has abandonado la trascendentalidad.
Encarnada en mí la brisa
ha adquirido sustancia y carnalidad,
y a un cuerpo asida
aborrece ahora la vacuidad,
pues de mi tacto necesita
para cartografiar la feminidad,
y la piel tímida
por la que relegó la divinidad,
a favor de la mujer de tez albina
que a la brisa, arrebato su sobriedad.
Última edición: