Ziler
Poeta recién llegado
Nada sería de mí sin este maldito arte, que se vuelve la limerencia más pesada de mi folio. Tantas noches para derramar mi sentimiento crudo que, por desgracia, es lo más inefable de mi historia. Camas vacías y esta resignación convertida en protesta se acuestan hoy en el hueco que su cuerpo habitaba.
Sé que en unos años me igualará la muerte en esta partida que perdí hace tiempo, y cuando finalmente me llegue la calamidad prescrita, partiré con una mofa desolada; pues jugué este condenado juego con una beligerancia de poeta, esperando que mis palabras fueran recordadas como la gesta del bucólico sin rostro.
Maldiciendo este dolor eterno, enfrento esta asolada realidad; porque cuando se vive recordando lápidas, las horas aprietan en los desvelos. Escuché el estertor del destino mientras moría la madrugada, alimentando la perpetua tribulación hacia el osario del olvido.
Sé que en unos años me igualará la muerte en esta partida que perdí hace tiempo, y cuando finalmente me llegue la calamidad prescrita, partiré con una mofa desolada; pues jugué este condenado juego con una beligerancia de poeta, esperando que mis palabras fueran recordadas como la gesta del bucólico sin rostro.
Maldiciendo este dolor eterno, enfrento esta asolada realidad; porque cuando se vive recordando lápidas, las horas aprietan en los desvelos. Escuché el estertor del destino mientras moría la madrugada, alimentando la perpetua tribulación hacia el osario del olvido.