Al inicio las lágrimas quemaron mi rostro, pensé ocultar aquella debilidad del corazón, luego pensé en el egoísmo que conlleva bajar el rostro y esconder el verdadero espejo del amor, no es débil quien ama en las despedidas y se deja ver en lo más profundo de su interior, aquel oscuro túnel que se ilumina con un mar de de lágrimas inundando el continente de los temores, hasta aquí no eran necesarias las explicaciones de una devoción manifiesta, amé sin intervalos a está mujer, lo supo siempre, pero un temor azotó todas sus certezas, era un látigo en su espalda que alertaba siempre ir un paso atrás. Nada se dijo al bajar del bus, solo un adiós, retraté su figura desde la ventana de mi asiento no se cruzaron las miradas, todo estaba dicho aún sin palabras.
Retumba aún en mis sentidos su última frase; "buena suerte"
Retumba aún en mis sentidos su última frase; "buena suerte"
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