Yo sé que está empedrado de buenas intenciones
el camino al infierno, según refrán antiguo.
Tomo el riesgo,
porque voy a decir adiós a las nostalgias
sin pretender guardianes de añoranza.
Con la euforia que apresa
al exculpado reo
y le ofrece valor al desvalido,
y con la voz sonora de tus manos
romperé los glaciares que me atan
a la circunferencia absurda del recuerdo.
Para lavar mi casa de tristezas
abriré las cortinas de mi rostro
y así que el sol penetre por cada uno de mis huesos
para espantar al llanto que ya no cabe más
entre las manos.
Haré fluir la sangre
como una cinta roja sin extremos
y cambiaré los negros moños por guirnaldas;
incendiaré mi casa y mis pupilas
con cuadros de Van Gogh
que compraré mañana
para llenar de girasoles del patio a la cocina.
Por fin he comprendido que es inútil
seguir vertiendo vino en vasos rotos,
insistir martillando el mismo clavo
y continuar sembrando peces en el viento.
Basta de andar buscando en los amigos
el bálsamo que habita en mi memoria;
basta de regalarles pesadumbre
y andarlos salpicando con desvelos.
(Me voy a emborrachar
ya sin pretextos
sino para decir ¡salud! a lo que venga..
Que suavidad del agua, que dulzura
la de la miel comprada en el mercado,
y que libre es el viento
sin humo de tabaco,
y sabe el mar a sal y a mantequilla .
son de algodón las nubes, y el día no se ha acabado
y hay un montón de niños que reclaman
mi caricia, mis besos, mis teclados;
cuanta quietud del alma con el futuro limpio
y el cuerpo sosegado
para escribir al fin ese romance
que nunca he comenzado.
¿En dónde estuve ausente
de mí por tantos años,
que apenas me recuerdo
cuando me he recordado?).
Quiero llenarme el alma de la vida,
hacer que brille el sol lavado en el bautismo.
Me propongo vivir igual que vive un niño
sin miedos ni pasados.
Pero, mejor aun,
con toda la esperanza y sensatez
del que ha resucitado.
el camino al infierno, según refrán antiguo.
Tomo el riesgo,
porque voy a decir adiós a las nostalgias
sin pretender guardianes de añoranza.
Con la euforia que apresa
al exculpado reo
y le ofrece valor al desvalido,
y con la voz sonora de tus manos
romperé los glaciares que me atan
a la circunferencia absurda del recuerdo.
Para lavar mi casa de tristezas
abriré las cortinas de mi rostro
y así que el sol penetre por cada uno de mis huesos
para espantar al llanto que ya no cabe más
entre las manos.
Haré fluir la sangre
como una cinta roja sin extremos
y cambiaré los negros moños por guirnaldas;
incendiaré mi casa y mis pupilas
con cuadros de Van Gogh
que compraré mañana
para llenar de girasoles del patio a la cocina.
Por fin he comprendido que es inútil
seguir vertiendo vino en vasos rotos,
insistir martillando el mismo clavo
y continuar sembrando peces en el viento.
Basta de andar buscando en los amigos
el bálsamo que habita en mi memoria;
basta de regalarles pesadumbre
y andarlos salpicando con desvelos.
(Me voy a emborrachar
ya sin pretextos
sino para decir ¡salud! a lo que venga..
Que suavidad del agua, que dulzura
la de la miel comprada en el mercado,
y que libre es el viento
sin humo de tabaco,
y sabe el mar a sal y a mantequilla .
son de algodón las nubes, y el día no se ha acabado
y hay un montón de niños que reclaman
mi caricia, mis besos, mis teclados;
cuanta quietud del alma con el futuro limpio
y el cuerpo sosegado
para escribir al fin ese romance
que nunca he comenzado.
¿En dónde estuve ausente
de mí por tantos años,
que apenas me recuerdo
cuando me he recordado?).
Quiero llenarme el alma de la vida,
hacer que brille el sol lavado en el bautismo.
Me propongo vivir igual que vive un niño
sin miedos ni pasados.
Pero, mejor aun,
con toda la esperanza y sensatez
del que ha resucitado.