murdock
Poeta adicto al portal
A través del onírico, húmedo horizonte que permite esta interminable madrugada
la salvación se presenta a mí, como una cuadrilla de cristales empañados.
Helado halo que el aluminio de la chapa despide, zamarrea mis tímidas falanges,
tras el ventanal descuidado se observa los primeros tres níveos escalones.
Un respiro, un paso mis manos antes que valientes, tercas… Empujan el portón crema.
Marmóreas baldosas a la mirada, frente a mí la escalera pulcra,
por fin, ¡descanso!, mi mente respira y se pierde en la proximidad de un colchón
cada paso tembloroso, cansado cual si reviniera a la cuna
la cegadora luz fluorescente de esta mañana de marzo, abrigo a un nuevo semblante.
Tras pasar el dintel a mi vera, la sombra invita casi a dormir
vislumbro tras la ventanilla una amiga mano que se extiende a mi abrazo
empujo la puerta sin pensarlo, el brazo Morfeo me espera…
-sniff-
Su rostro… su rostro esta demacrado, la escuálida sonrisa demuestra millares de afilados colmillos
el cuerpo, ¡segmentado en la espina está rotado!
Aquel amigable brazo, es como una espina que brota de su vientre
lo acompañan en flor siete más, mientras se estira y serpentea
este serpenteante arácnido formado únicamente de hueso
se agazapa sobre mí bajando la escalera…
¡Su, su… ¡Su tenebrosa sonrisa amplía la entrada a las fauces dentadas cual escualo!
Mi último escenario en el mundo, el abrazo de Morfeo.
Al fin, descanso…
la salvación se presenta a mí, como una cuadrilla de cristales empañados.
Helado halo que el aluminio de la chapa despide, zamarrea mis tímidas falanges,
tras el ventanal descuidado se observa los primeros tres níveos escalones.
Un respiro, un paso mis manos antes que valientes, tercas… Empujan el portón crema.
Marmóreas baldosas a la mirada, frente a mí la escalera pulcra,
por fin, ¡descanso!, mi mente respira y se pierde en la proximidad de un colchón
cada paso tembloroso, cansado cual si reviniera a la cuna
la cegadora luz fluorescente de esta mañana de marzo, abrigo a un nuevo semblante.
Tras pasar el dintel a mi vera, la sombra invita casi a dormir
vislumbro tras la ventanilla una amiga mano que se extiende a mi abrazo
empujo la puerta sin pensarlo, el brazo Morfeo me espera…
-sniff-
Su rostro… su rostro esta demacrado, la escuálida sonrisa demuestra millares de afilados colmillos
el cuerpo, ¡segmentado en la espina está rotado!
Aquel amigable brazo, es como una espina que brota de su vientre
lo acompañan en flor siete más, mientras se estira y serpentea
este serpenteante arácnido formado únicamente de hueso
se agazapa sobre mí bajando la escalera…
¡Su, su… ¡Su tenebrosa sonrisa amplía la entrada a las fauces dentadas cual escualo!
Mi último escenario en el mundo, el abrazo de Morfeo.
Al fin, descanso…
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