Alan Sink
Poeta recién llegado
Buscándote a lo lejos
Fue preciso tu mirar, como flecha que viaja con malicia hacia los ojos.
Indestructible. Pensando que podría esquivarte, baje la guardia una vez más y el pobre de mí andar casi fallece al acercarme y contemplar tu oscuridad. Belleza, como tu pelo dice que se llama.
Como agua de cascadas que besan al río en sus piernas, como el fuego inerte y apagado que vive bajo tu piel. Como carbón puro diamantado, minerales del espacio que se formó alguna vez.
Entramos al espacio de cristales danzarines, una plaza de locuras con gente en todos lados. Sin embargo me di tiempo para espiar tus movimientos y te vi, no lo niego, lo hice de vez en cuando.
No había más que probar, la vida tiene días en que olvidas los fracasos. Que se mueran los atletas, hoy estoy hecho pedazos, y a pesar de mi cansancio y la humedad que hay en mis prendas, aun tengo fuerzas de mover todo mi cuerpo, para perseguir tu figura. Encontrarte entre la gente fue una excusa de las viejas.
Fui corriendo con tu sombra y me aloje a un lado tuyo. Calmé mi respiración, cerré los ojos, y tranquilicé mi pulso, corrí el riesgo. Me volví débil y sin pensarlo otras mil veces me acerqué para decirte
Inconsciente y vencido. Mis palabras moribundas, unas mudas, unas cortas se aproximan para hablarte. Es mejor dejar que el agua fluya y se revele, a mantenerla almacenada. Con niñez y encanto, tus ojos se abrieron, y tus pupilas explotaban de alegría. La corteza brillaba, aun siendo pálida y quebrantable, tu boca sentía lo que mi boca, y ahora ella, agonizaba. Perfecto. En el momento preciso en que yo tenía más fuerzas te venciste al no poder decirme nada.
Y pasó algo de tiempo, solo un poco, y unas gracias de tu aliento fue la firma del acuerdo, no habrá que decir algo, encadena las palabras
Ya habrá espacios y momentos en que hables de la nada.
Alan Sink
Fue preciso tu mirar, como flecha que viaja con malicia hacia los ojos.
Indestructible. Pensando que podría esquivarte, baje la guardia una vez más y el pobre de mí andar casi fallece al acercarme y contemplar tu oscuridad. Belleza, como tu pelo dice que se llama.
Como agua de cascadas que besan al río en sus piernas, como el fuego inerte y apagado que vive bajo tu piel. Como carbón puro diamantado, minerales del espacio que se formó alguna vez.
Entramos al espacio de cristales danzarines, una plaza de locuras con gente en todos lados. Sin embargo me di tiempo para espiar tus movimientos y te vi, no lo niego, lo hice de vez en cuando.
No había más que probar, la vida tiene días en que olvidas los fracasos. Que se mueran los atletas, hoy estoy hecho pedazos, y a pesar de mi cansancio y la humedad que hay en mis prendas, aun tengo fuerzas de mover todo mi cuerpo, para perseguir tu figura. Encontrarte entre la gente fue una excusa de las viejas.
Fui corriendo con tu sombra y me aloje a un lado tuyo. Calmé mi respiración, cerré los ojos, y tranquilicé mi pulso, corrí el riesgo. Me volví débil y sin pensarlo otras mil veces me acerqué para decirte
Inconsciente y vencido. Mis palabras moribundas, unas mudas, unas cortas se aproximan para hablarte. Es mejor dejar que el agua fluya y se revele, a mantenerla almacenada. Con niñez y encanto, tus ojos se abrieron, y tus pupilas explotaban de alegría. La corteza brillaba, aun siendo pálida y quebrantable, tu boca sentía lo que mi boca, y ahora ella, agonizaba. Perfecto. En el momento preciso en que yo tenía más fuerzas te venciste al no poder decirme nada.
Y pasó algo de tiempo, solo un poco, y unas gracias de tu aliento fue la firma del acuerdo, no habrá que decir algo, encadena las palabras
Ya habrá espacios y momentos en que hables de la nada.
Alan Sink