“En la noche, había tiempo entre los adioses”
Carlos Fuentes
BÚSQUEDA DE LA LUZ
En imprevista madrugada me naciste
como un súbito placer,
como un orgasmo inesperado.
Eran entonces la ciudad y su extravío:
su asfalto y sus catalpas moribundas.
Y confundí los neones con tus ojos.
Eras la ciudad y sus exactas ecuaciones.
Eras las metálicas trepidaciones y sus ecos
Eras el sonido sincopado de los claxons.
Eras el vértigo de las grúas,
el agua verdinegra del detritus,
eras el odio en los ojos del mendigo.
Oh máscara de ónice y coral:
cómo no supe ver tu cabello de Medusa
cómo no rompí los espejos de tus labios.
Porque en ellos me ví bello y acogido
y yo buscaba entonces aquel útero ausente
donde guarecerme en las turbias madrugadas.
No músicas me brincaban en las venas,
no los vinos, no las flores armoniosas.
Sólo tus cópulas habitaban en mis huesos.
Éramos fiebre. Éramos roncos gemidos.
Pero no: sólo yo era mi fiebre
y tú nunca gemiste de placer entre mis brazos.
Ahora, limpio, junto al mar, ebrio de sol,
yo te abomino y te desprecio.
A tí y a la ciudad que te creó.
En una débil barca, mar adentro,
donde el reloj convoca sólo a pájaros
quiero olvidar tu mirar vacío,
mirar de muerte.
Ilust.: Luke Kopycinski
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