Nýcolas
Poeta asiduo al portal
"La canción del mar, ¿termina en la costa o en el corazón de aquellos que la escuchan?"
Khalil Gibrán
Ya sea que una aguja nos pinche el dedo o se afinque en nuestro corazón, hay que preguntarse por qué, cuál y qué es el dolor, sea percibido por los nervios de nuestro cuerpo o por aquellos que almacena nuestra alma; decimos que es real, sin duda alguna, porque así lo corroboran las sensaciones, sin embargo... ¿nos pertenecen? ¿Soy yo quien sufre o no soy yo quien sufro si es el yo quien sufre? Sondear los misterios del alma no es quedarse sólo con sus evidencias. ¿Y si más allá se encuentran los verdaderos sentimientos, las verdaderas sensaciones, la verdadera vida? Hay todo un «más allá» aquí, que todavía no hemos descubierto; y que los necios se apresuran a juzgar. Menudo filósofo quien desintegre el átomo del prejuicio, tal vez con un «quizás». La filosofía poética suele ser un buen bisturí; agraciadas sean las mentes que hayan encontrado resguardo en el corazón, y los corazones que hayan encontrado un lecho en la mente. Toda sangre tiene su perfume. Y aún los pájaros cantan en su celda. Ya no más a la charlatanería de nuestros demonios, «yo», soy mi propio demonio, y me rebelo contra todos ellos. Quienes nos hacen creer en una moral que es más falsa que la moral burguesa, quienes nos hacen creer en los gustos del rebaño cual una peculiaridad, quienes se burlan de nosotros cual si fuéramos sus marionetas; hay que decapitarlos a todos. «Cielo o Infierno», ¿qué importa si estamos con nosotros mismos?... con toda ánima libre y sin velos cual la naturaleza. Amamos. El Equilibrio no es imposible. Seremos fieles y fríos como un águila, como una montaña, o como un clavel, pero seremos. Seremos todo aquello que el sol pueda ver, pero por sobre todo seremos lo que perciba el Corazón. Mil cuerpos, un cosmos; y como ellas brillamos a la distancia, aunque tal vez ya no estemos, pequeños como una vela en el enlutado firmamento, a través del tiempo. Amor. Esencia infinita desde un siempre; una vez que se suspira, nace la eternidad.
Khalil Gibrán
Ya sea que una aguja nos pinche el dedo o se afinque en nuestro corazón, hay que preguntarse por qué, cuál y qué es el dolor, sea percibido por los nervios de nuestro cuerpo o por aquellos que almacena nuestra alma; decimos que es real, sin duda alguna, porque así lo corroboran las sensaciones, sin embargo... ¿nos pertenecen? ¿Soy yo quien sufre o no soy yo quien sufro si es el yo quien sufre? Sondear los misterios del alma no es quedarse sólo con sus evidencias. ¿Y si más allá se encuentran los verdaderos sentimientos, las verdaderas sensaciones, la verdadera vida? Hay todo un «más allá» aquí, que todavía no hemos descubierto; y que los necios se apresuran a juzgar. Menudo filósofo quien desintegre el átomo del prejuicio, tal vez con un «quizás». La filosofía poética suele ser un buen bisturí; agraciadas sean las mentes que hayan encontrado resguardo en el corazón, y los corazones que hayan encontrado un lecho en la mente. Toda sangre tiene su perfume. Y aún los pájaros cantan en su celda. Ya no más a la charlatanería de nuestros demonios, «yo», soy mi propio demonio, y me rebelo contra todos ellos. Quienes nos hacen creer en una moral que es más falsa que la moral burguesa, quienes nos hacen creer en los gustos del rebaño cual una peculiaridad, quienes se burlan de nosotros cual si fuéramos sus marionetas; hay que decapitarlos a todos. «Cielo o Infierno», ¿qué importa si estamos con nosotros mismos?... con toda ánima libre y sin velos cual la naturaleza. Amamos. El Equilibrio no es imposible. Seremos fieles y fríos como un águila, como una montaña, o como un clavel, pero seremos. Seremos todo aquello que el sol pueda ver, pero por sobre todo seremos lo que perciba el Corazón. Mil cuerpos, un cosmos; y como ellas brillamos a la distancia, aunque tal vez ya no estemos, pequeños como una vela en el enlutado firmamento, a través del tiempo. Amor. Esencia infinita desde un siempre; una vez que se suspira, nace la eternidad.