John Mejía
Poeta asiduo al portal
Montado estoy en otro segundo más,
jineteando milésimas de existencia,
con el corazón partido en mil pedazos,
y el alma vagando sin pena ni gloria.
Se vive por derecho,
se vive a veces por querer vivir,
por querer ser otro Quijote más,
otro Sansón o Hércules terrenal:
se vive por un simple capricho,
por una noche de lujuria,
y por simples nupcias.
El derecho de vivir,
universal,
servido en bandeja de plata,
pero a veces se tiene que rumear,
regurgitar entre las entrañas,
para sacar la misma esencia de la vida.
Vivir es un ejercicio de campo y pista,
es llenarse las manos de arcilla y barro,
embadurnarse de la enfermedad y la buena fortuna,
es llenarse más del sufrimiento ajeno y menos del propio,
es a veces el fingir,
y muchas veces el ser…
Vivir es un derecho existencial a veces nulo,
Eutanasia,
un derecho u otra norma existencial más,
y siguen las rodillas con callos de rezar y orar,
y el verbo mismo olvidado en algún rincón del paladar.
Se siguen montando bestias apocalípticas,
pasando infiernos y paraísos,
fajándonos entre el ser y el parecer,
entre el querer y el impedimento.
La vida nos monta en anca y en carruaje,
nos convierte en reyes y príncipes,
y al final,
en la misma arcilla y barro,
que una vez tuvimos en las manos.
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