Cabellera profana

errante xilos

Poeta recién llegado
Principio en el mismo final,
un ciclo elevado, un camino oculto;
la vida de cuatro monjes,
prendidas de la solapa de un saco como medallas,
sus deseos atenuados,
sus pasos acortados por la melena temporal,
por la posición de los soles,
entre la mesurada incandescencia indiferente
y la demacrada oscuridad cercana...

Es triste el vuelo,
es reticente el velo de la realidad,
tan negro,
tan niño, tan altar,
tanta mentira en la verdad...

el Mañana está presente,
el futuro no escapa de este universo
envuelto en lazos como regalo...

Siendo esclavos
nos sentimos afortunados de esta ilusión,
y esta concreción no es más que una caverna,
una mazmorra,
una tumba incierta,
un paraíso artificial recorrido por la indecencia,
por el hipnotismo de la parafernalia,
el código genérico,
la fantasía malsana...

Vivimos entonces en el encanto de la perdición,
y las ñoñas firmezas
son tres memorias de negras discordancias,
la tierra acaba,
el cielo se cae,
el mar se evapora,
la sed es el idioma,
el hambre no tiene manos,
lo abarca todo...

No sentiremos el verdadero edén...

No con estos sentidos casi muertos,
no con la mierda hasta la cabeza...

"Son las seis, es hora de levantarse"
 
Última edición:
Es mejor el horizonte, pero tú lo ves muy sucio, porque quizá, no lo controlas. Y eso es precisamente, lo que querrías. Manejar el sistema operativo. Manejar los vicios. Porque todos queremos ser un vicio, para el otro. Un vicio inconfesable. Claro está que todo queda expuesto, a la larga. No a priori. Y las cosas se van conociendo, a medida que pasan los años. Y entonces, nos avergonzamos. Fuimos un vicio, para el otro.
 
Tres memorias de negras discordias, siempre presentes y por ventura cercanas a la mañana. Un abrazo poeta, que inensas y soberbias letras. Un abrazo infinito.
 
Es mejor el horizonte, pero tú lo ves muy sucio, porque quizá, no lo controlas. Y eso es precisamente, lo que querrías. Manejar el sistema operativo. Manejar los vicios. Porque todos queremos ser un vicio, para el otro. Un vicio inconfesable. Claro está que todo queda expuesto, a la larga. No a priori. Y las cosas se van conociendo, a medida que pasan los años. Y entonces, nos avergonzamos. Fuimos un vicio, para el otro.

Muchas gracias por su visita y comentario, tal vez en ese horizonte podemos vislumbrar el futuro que no puede brillar por si mismo...
 

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