P
Paloma Martin
Invitado
Cada primavera me trae la confirmación
de que he vivido por suerte, un año más.
Me trae el rumor de la voz de mi madre
que me llama, cansada
de nueve meses de espera.
Mientras yo en ese mundo de espuma
contemplaba su blanco corazón,
creyendo que lo que veía, era una luna.
Cada primavera me trae la melancolía
de saber que su joven vida
casi entrega a cambio de la mía.
Me trae el recuerdo de las anécdotas
de las abuelas y tías sobre esa niña
que plácidamente existía, ajena
a la tragedia que sobre ella se cernía.
Cada primavera me trae el recuerdo
de esa madre que se iba antes
de poder dar de si, el néctar
que sedienta de vida, la niña le pedía.
Me trae otra razón, para estar
agradecida de tener a mi madre,
y por tener mi propia vida
que comenzamos a andar juntas,
un primer día, de comienzos de estación.
de que he vivido por suerte, un año más.
Me trae el rumor de la voz de mi madre
que me llama, cansada
de nueve meses de espera.
Mientras yo en ese mundo de espuma
contemplaba su blanco corazón,
creyendo que lo que veía, era una luna.
Cada primavera me trae la melancolía
de saber que su joven vida
casi entrega a cambio de la mía.
Me trae el recuerdo de las anécdotas
de las abuelas y tías sobre esa niña
que plácidamente existía, ajena
a la tragedia que sobre ella se cernía.
Cada primavera me trae el recuerdo
de esa madre que se iba antes
de poder dar de si, el néctar
que sedienta de vida, la niña le pedía.
Me trae otra razón, para estar
agradecida de tener a mi madre,
y por tener mi propia vida
que comenzamos a andar juntas,
un primer día, de comienzos de estación.
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