Cada treinta minutos

Miguel Font

Poeta que considera el portal su segunda casa
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Cada treinta minutos...
el reloj de la vida impávido marca,
que el hombre renuncia, volviéndose bestia,
a su esencia humana.
Cada treinta minutos...
un corazón se arruga o detiene su marcha
desgarrando sueños, truncando el futuro,
la fe y la esperanza.
Cada treinta minutos...
está el sol inventando nubes trasnochadas,
que escondan su rostro de tanta hipocresía,
y denigrante infamia.
Cada treinta minutos...
tapa sus oídos la luna avergonzada,
para no escuchar el sonido cruel
de ruines campanadas.
Cada treinta minutos...
cerraré mis ojos en muda plegaria,
"que mi brazo se seque si alguna vez,
contra una mujer
la mano yo alzara".
 
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Cada treinta minutos...

el reloj de la vida impávido marca,
que el hombre renuncia,
volviéndose bestia,
a su esencia humana.
Cada treinta minutos...
un corazón se arruga o detiene su marcha
desgarrándo sueños, truncando el futuro,
la fé y la esperanza.
Cada treinta minutos...
está el sol inventando nubes trasnochadas,
que escondan su rostro de tanta hipocresía,
y denigrante infamia.
Cada treinta minutos...
tapa sus oídos la luna avergonzada,
para no escuchar el sonido cruel
de ruines campanadas.
Cada treinta minutos...
cerraré mis ojos en muda plegaria,
"que mi brazo se seque si alguna vez
contra una mujer,
la mano yo alzara".

es triste saber que sigue la racha, abrazos
 
Realista y conmovedor poema. A ver si un día me animo a escribir un poema similar sobre la situación de España. El mundo está muy revuelto. Saludos.
 
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Cada treinta minutos...

el reloj de la vida impávido marca,
que el hombre renuncia,
volviéndose bestia,
a su esencia humana.
Cada treinta minutos...
un corazón se arruga o detiene su marcha
desgarrándo sueños, truncando el futuro,
la fé y la esperanza.
Cada treinta minutos...
está el sol inventando nubes trasnochadas,
que escondan su rostro de tanta hipocresía,
y denigrante infamia.
Cada treinta minutos...
tapa sus oídos la luna avergonzada,
para no escuchar el sonido cruel
de ruines campanadas.
Cada treinta minutos...
cerraré mis ojos en muda plegaria,
"que mi brazo se seque si alguna vez
contra una mujer,
la mano yo alzara".

Y una muere cada tres minutos en el mundo, quedan sus hijos huérfanos, y mueren como si el mundo entero las golpeara, porque hace mucho rato que sucede y el mundo indiferente, no hace nada, y quedan sus hijos e hijas huérfanos que muy probablemente, por ser testigos de la violencia mañana sean personas golpeadoras o golpeadas
¡Maldita cadena! Y el mundo no hace nada... ¡gracias por decir, por pronunciarte tan en contra! Abrabesos estimado Miguel.
 

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