Es clásico el ardor de la lanceta.
A veces es el remedio el que asume.
Culpables del dolor esas pancetas.
Deseo que a ese cerdo se le inhume
Cada vez menos eses y más zetas.
Esa champaña espero que perfume.
Cambio oro en euros por pesetas.
El aire entre los dientes no se entume.
Vasijas con mi oficio de alcaller
cocidas con sus grietas y mis frenos,
no puedo reparar en el taller.
Ya no pierdo mis manos en tus senos
ni se pierde mi vista por tu ayer.
Perder la identidad es lo de menos.
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