Alfredo Grajales Sosa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mil cadenas de amargura
las que he venido arrastrando,
a mi ser lo va minando
esta triste desventura.
Al borde de la locura
últimamente he vivido,
casi he perdido el sentido
en mis noches de desvelo,
de tu desprecio, el flagelo
solo lo ignoro dormido.
Ya después que ha amanecido
la amargura a mi retorna,
todo mi mundo trastorna
pues se escapa el colorido.
Permanezco así, abatido,
con la mirada perdida
sin encontrar la salida,
que otorgue paz a mi alma
y me regrese la calma
¡Qué me devuelva la vida!
Me cicatrice la herida
que día a día más crece,
este mal que me adolece
a abandonarme decida.
Que me otorgue en su partida
esa paz que tanto añoro,
para morir con decoro
y termine mi martirio,
ponga fin a mi delirio
¡Al Dios del cielo le imploro!
las que he venido arrastrando,
a mi ser lo va minando
esta triste desventura.
Al borde de la locura
últimamente he vivido,
casi he perdido el sentido
en mis noches de desvelo,
de tu desprecio, el flagelo
solo lo ignoro dormido.
Ya después que ha amanecido
la amargura a mi retorna,
todo mi mundo trastorna
pues se escapa el colorido.
Permanezco así, abatido,
con la mirada perdida
sin encontrar la salida,
que otorgue paz a mi alma
y me regrese la calma
¡Qué me devuelva la vida!
Me cicatrice la herida
que día a día más crece,
este mal que me adolece
a abandonarme decida.
Que me otorgue en su partida
esa paz que tanto añoro,
para morir con decoro
y termine mi martirio,
ponga fin a mi delirio
¡Al Dios del cielo le imploro!
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