"La persona desquiciada por la desesperación, que utiliza como artilugio de defensa, un soez
lenguaje y que siempre expresa con su habla el odio, el repudio, su sed de venganza, el rencor,
el enfado, los agravios, su impotencia y la ira; está desgraciadamente condenada a cargar, con
las cadenas depresivas de la amargura y la violencia; las cuáles, se han cerrado con los candados
del pesimismo y de la ignorancia.
Y éstos no podrá abrirlos, hasta encontrar las llaves perdidas del saber y de la fé, las cuáles a su
vez; se encuentran en los cofres de su mente y del amor, extraviados.... en algún rincón de su alma".