cristobal monzon lemus
Poeta que considera el portal su segunda casa
CAFÉ A LA CARTA
Azules reflejos encima mantel cubriendo la mesa,
cerca de la ventana, donde cae y mueve rosada
cortina, tapando curiosas miradas. No son todavía
porque reloj no lo dice; las primeras diez horas
de esa mañana.
Una bata cubre sus cuerpo hasta los pies, género
fino, delicado no transparente. Sobre la mesa,
fotografía amado marido, quien muy de madrugada,
ella entre sueños escuchó: me voy; te dejo una carta.
Buscarla y no encontrarla, pensó, realmente fue sueño,
insegura abrió la gaveta, luego leyó cubierta con letra
perfecta su nombre, sobre no estaba cerrado, ansiosa
hizo un tantito de tiempo, acudió a la cocina, regresó
con humeante y oloroso café caliente.
Aquella taza despedía hilos de aroma, en todo el espacio,
con manos temblando e incipientes lágrimas, sin leer una
letra, presentía, su contenido, antecedentes rumores
decían, otros amores lo atraían, cinco años después
de casados.
Recuerdas iniciaba la carta, nuestro primer beso
de enamorados, locura de amor nunca sentido. vivir uno sin
el otro imposible, nos amamos intensamente, pero me
enamoré, de alguien como si fuera tu hermana gemela:
¡mi hermana! dijo asustada. Pensé eras tú, la misma risa,
mismos gustos, idéntica en todo.
Mismo idilio vivo con ella, también a ti te adoro, como no
puedo ser dos y no quiero dejarte, y nos amamos con ella,
te invitamos por el amor de los tres, vengas a vivir con
nosotros, aún no me has dado un hijo, pienso seremos feliz
familia, llámame decídete.: el café se enfrió, el humillo
se apagó, en sus labios una sonrisa.
respiro luego escribo
Azules reflejos encima mantel cubriendo la mesa,
cerca de la ventana, donde cae y mueve rosada
cortina, tapando curiosas miradas. No son todavía
porque reloj no lo dice; las primeras diez horas
de esa mañana.
Una bata cubre sus cuerpo hasta los pies, género
fino, delicado no transparente. Sobre la mesa,
fotografía amado marido, quien muy de madrugada,
ella entre sueños escuchó: me voy; te dejo una carta.
Buscarla y no encontrarla, pensó, realmente fue sueño,
insegura abrió la gaveta, luego leyó cubierta con letra
perfecta su nombre, sobre no estaba cerrado, ansiosa
hizo un tantito de tiempo, acudió a la cocina, regresó
con humeante y oloroso café caliente.
Aquella taza despedía hilos de aroma, en todo el espacio,
con manos temblando e incipientes lágrimas, sin leer una
letra, presentía, su contenido, antecedentes rumores
decían, otros amores lo atraían, cinco años después
de casados.
Recuerdas iniciaba la carta, nuestro primer beso
de enamorados, locura de amor nunca sentido. vivir uno sin
el otro imposible, nos amamos intensamente, pero me
enamoré, de alguien como si fuera tu hermana gemela:
¡mi hermana! dijo asustada. Pensé eras tú, la misma risa,
mismos gustos, idéntica en todo.
Mismo idilio vivo con ella, también a ti te adoro, como no
puedo ser dos y no quiero dejarte, y nos amamos con ella,
te invitamos por el amor de los tres, vengas a vivir con
nosotros, aún no me has dado un hijo, pienso seremos feliz
familia, llámame decídete.: el café se enfrió, el humillo
se apagó, en sus labios una sonrisa.
respiro luego escribo