CONDE DE LAUTRÉAMONT
ISIDORE DUCASSE
Los lamentos poéticos de este siglo no son más que sofismas.
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Los juicios sobre la poesía tienen más valor que la poesía. Son la filosofía de la poesía. La poesía no podrá prescindir de la filosofía. La filosofía podrá prescindir de la poesía.
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La duda ha existido siempre en minoría. En este siglo, está en mayoría. Respiramos por los poros la violación del deber. Esto se ha visto solamente una vez y no volverá a verse.
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No acepto el mal. El hombre es perfecto. El alma no muere. El progreso existe. El bien es irreductible. Los anticristos, los ángeles acusadores, las penas eternas, las religiones son el producto de la duda.
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Si sois desdichados, no hace falta decírselo al lector. Guardadlo para vosotros.
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Es necesario esperar todo. No temer al tiempo ni a los hombres.
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No dejaré memorias.
Desde Montevideo, Margarita Ferro
Lo llaman "el poeta sitiado" porque su vida transcurrió entre dos ciudades en estado de sitio. El primero durante su nacimiento, en Montevideo, el último, a su muerte, en París. Isidore Ducasse, murió a los veinticuatro años, abandonado, solo, enfermo, tras recorrer el periplo que va desde la poesía maldita, en "Los Cantos de Maldoror", a la redención por la intrascendencia de su libro "Poesías". Lautréamot / Duccase, fue de una vez y para siempre Maldoror. El poeta maldito no salvó al adolescente, se salvó a sí mismo.
Torres García. MONTEVIDEO. 1928
Cuando Isidore Ducasse llegó a París en 1869 tenía apenas catorce años, llevaba consigo el rechazo paterno, su inseguridad de epiléptico y la nostalgia de su ciudad natal -Montevideo- donde había nacido en 1846 en medio de una violenta ciudad sitiada. Hijo de un diplomático francés, que tras la temprana muerte de su alienada esposa, se retiró de la cancillería y dedicó toda su atención de diletante maestro de francés y filosofía, a cuidar su apariencia y olvidar a su hijo. Catorce años después de llegar a París, Isidore muere, víctima de escarlatina, en una solitaria habitación de hotel, mientras la capital francesa ardía en la violencia del "año terrible" en que fue sitiada en un ambiente de oposición al régimen de Napoleón III.
"Vivió desventurado y murió loco. Escribió un libro que es único si no existiera la prosa de Rimbaud: un libro diabólico y extraño, burlón y aullante, cruel y penoso, un libro en que se oyen a un mismo tiempo los gemidos del Dolor y los siniestros cascabeles de la Locura" escribió Rubén Darío, para referirse a este minúsculo poeta, de un solo libro a quienes André Bretón y los surrealistas llamaron "figura resplandeciente de luz negra". LOS CANTOS DE MALDOROR aullante precedente del automatismo psíquico de 1924, significa el triple enmascaramiento de quien fuera -como Poe o Baudelaire- un poeta maldito: Isidore Ducasse se encubre tras el Conde de Lautréamot, quien a su vez lo hace en el narrador-personaje Maldoror. Máscaras construidas por el adolescente que no quiere ser visto, que esconde su miserable condición llamándose por oposición al Conde de Montecristo, el Conde de "l ´autre mont", que tanto puede ser el del Anticristo, como el otro monte de Monte-video.
Mudó de ciudad, de centro de estudios, de habitación en hoteles baratos. En su cortísima vida hay hiatos indescifrables, durante dos años no pudo ser rastreado por sus biógrafos (entre 1865 y 1867) y el único retrato de que él conservaban lejanos parientes, se fue incautado durante un allanamiento policial por motivos políticos en la casa de sus biógrafos, los hermanos Guillot-Muñoz. Enrique Pichón Riviére descubre lo siniestro en la persona de Lautréamont, ya que a pesar de sus ocultamientos constantes, también permanentemente pugna por manifestarse. Lo despertó el surrealismo y lo reeditan las nuevas generaciones, que hoy, lo leen con fruición: "el movimiento surrealista, que descartando primero a Baudelaire y luego a Rimbaud, prefirió el gusto al escándalo y, para decepcionar las admiraciones burguesas, prefirió a un Lautréamont genial y mitológico del cual hizo un arcángel enfurecido que lanzaba blasfemias en la noche apocalíptica", dirá Marcel Raymond en su "De Baudelaire au Surrealisme".
El jovencito alto, delgado, algo encorvado, pálido, con los cabellos largos cayéndole sobre la frente, que habitualmente estaba triste y silencioso, como retraído en sí mismo, publicó a los veintidós años, en 1868, el primero de Los Cantos de Maldoror, que firma solamente con tres asteriscos, y lo reedita en 1869 en una edición que no pasó jamás a la venta: solo diez ejemplares salieron de la imprenta de la mano de su autor. Era la obra de un casi-escritor, de un liceal casi, impresionado por el romanticismo e impregnado del satánico perfume de Las Flores del Mal baudelaireano.
Detrás de Lautréamont estaba Isidore Ducasse, pero detrás de Lautréamont, estará Maldoror, monstruo perverso en el que se concentran todas las míseras maldades de la bestia humana. "Mi poesía sólo consistirá en atacar por todos los medios al hombre, esa bestia salvaje, y al Creador, que no hubiera debido engendrar semejante basura", dice el poeta-adolescente enmascarado. Demoledor del antropocentrismo occidental, sigue los senderos de la novela negra y de todos desconocedores de límites y fronteras sociales o morales. Su satanismo es una reafirmación del individuo frente al establishment religioso, político, social y ético. Los Cantos...no son sino la tangente por la que el adolescente, logra escaparse de la violenta locura que le mordió los talones, durante sus veinticuatro años de malvivir.
Cúneo. LUNA NUEVA.1933
Después de esta poesía perversa, tal vez arrepentido de la promiscua convivencia con lo prohibido, trató de redimirse con un inocuo libro de poemas, que desde su anomia pasó al olvido: POESÍAS. Sesenta páginas al servicio del bien público, anuncio de una "vida nueva", con coraje, certezas, esperanza, el bien, el deber, la fe...firmadas ahora por Isidore Ducasse, tal vez seudónimo de un ex -Lautréamont que se lava las manos para desaparecer.
Murió de una enfermedad infecciosa, su acta de defunción fue descubierta por André Bretón, y da cuenta de su aislamiento en el Hotel de Faubourg -Montmartre 7, cuando son testigos de la misma el dueño y un mozo.
fuente:
http://www.escaner.cl/escaner33/lector.htm
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